Otoño en Navarra

UN OTOÑO EN NAVARRA

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El espacio navarro se estructuró de manera dual tras la invasión musulmana de la península en el siglo VIII. El norte permaneció poco tiempo bajo dominio musulmán y pronto se organizó en un núcleo cristiano de fugaz sometimiento al Imperio carolingio y con centro en la ciudad de Pamplona, población fundada en época romana como Pompaelo por Pompeyo sobre un asentamiento vascón preexistente denominado «Iruña». Su primer soberano conocido fue Íñigo Íñiguez —o Íñigo Arista («Enneco Cognomento Aresta»)—, cabeza conocida de la primera dinastía navarra.

En el sur, un noble hispano godo oriundo de la zona (Casius) pactó con los invasores musulmanes y se convirtió al Islam, consiguiendo así continuar señoreando esa zona del valle del Ebro y prolongando este poder entre los de su estirpe (los Banu Qasi), que durante generaciones afirmarán su poder en el sur del actual territorio navarro, aliándose con los Arista en diversas ocasiones en contra del poder central del emirato cordobés, o del afán expansionista del Imperio carolingio.

Navarra fue uno de los núcleos montañeses de resistencia cristiana impulsados por los francos carolingios que se formaron en los Pirineos, frente a la dominación islámica de la península Ibérica, al igual que en Aragón y Cataluña. Inicialmente fue conocido por los cronistas francos como Reino de los Pamploneses o Reino de Pamplona y poco más tarde, como Reino de Pamplona-Nájera en referencia a la importancia en su organización de la ciudad riojana.

En su etapa de mayor expansión territorial, durante la Edad Media, el reino abarcó territorios atlánticos y se expandió más allá del río Ebro, hacia territorios situados en las comunidades autónomas contemporáneas de Aragón,

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Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco y las regiones administrativas francesas de Aquitania y Mediodía-Pirineos, en las antiguas provincias de Gascuña y Occitania. Las capitales vascas de Vitoria y San Sebastián fueron fundadas por el rey navarro Sancho VI el Sabio.

En su etapa final, el reino resultó dividido en:

  • La Navarra peninsular o Alta Navarra, que fue invadida junto a la Navarra continental en 1512 por Fernando el Católico con el apoyo de Luis Beaumont, hijo del líder Beaumontés exiliado tras perder la guerra civil de Navarra años antes, y fue anexionada a la Corona de Castilla. Se integró en el Reino de España o Monarquía Hispánica, conservando instituciones propias como reino.
  • La Navarra continental o Baja Navarra, que se unió dinásticamente con Francia a finales del siglo XVI, y en 1620 se integró en la Monarquía francesa. Conservó instituciones e privilegios propios hasta 1789, en época de la Revolución, ostentando los Borbones franceses el título de reyes de France et de Navarre.
  • El título del príncipe heredero es Príncipe de Viana, que hoy en día ostenta Felipe de Borbón, hijo y heredero del rey Juan Carlos I.

Evolución histórica  -  Reinado de visigodos y francos

Para el periodo de la historia de los vascones contemporánea a la formación y consolidación del reino visigodo en Hispania hay escasas fuentes directas disponibles sobre los acontecimientos y la organización interna de los vascones, y con frecuencia resultan contradictorias.

Algunos historiadores suponen que los vascones nunca fueron sometidos por los visigodos en su pretensión de lograr la unidad territorial de todas las antiguas provincias hispanorromanas. Otros autores, principalmente en el siglo XIX, supusieron que los visigodos sí llegaron a dominar la tierra de los vascones. La escasez de datos ha llevado a crear la leyenda sobre el Domuit vascones (dominó a los vascones), una supuesta frase que se incluiría en las crónicas de todos los reyes godos, pero que parece ser una invención del novelista Francisco Navarro Villoslada.

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Las reflexiones de otros especialistas recuerdan la actitud amistosa de los vascones en el periodo romano y la ausencia de conflictos relevantes durante el Bajo Imperio, resaltando la dificultad de explicar aquellos enfrentamientos sin apoyarse en el contexto de la afirmación del poder autónomo en Aquitania y las rivalidades entre francos y visigodos.

La dominación visigoda de Pamplona es un tema políticamente polémico. Pese a haber sido sede episcopal de la iglesia visigoda, y a haber necrópolis visigodas en Pamplona, existe alguna polémica sobre si existió o no dominación visigoda sobre la ciudad o, simplemente, convivencia.

Aquitania

En el año 632 el rey merovingio Dagoberto I encabezó una expedición a Zaragoza en apoyo de Sisenando que se había sublevado frente a la autoridad de Suintila. Pocos años después, Dagoberto reunió un ejército de burgundios con los que intentó ocupar sin éxito toda la "patria de Vasconia" en el 635. Sin embargo, en el 636 Dagoberto obtuvo tras una nueva campaña militar, el juramento de lealtad de los vascones al servicio de Aighina, duque sajón de Burdeos. Tras la muerte de Dagoberto, el poder merovingio se fue debilitando para dar paso a un periodo de consolidación de un poder autónomo conocido como ducado de Aquitania dentro del reino franco pero del que se desconocen fuentes de referencia hasta que es citada la concesión a Félix, patricio de Toulouse, del control de todas las ciudades hasta los Pirineos y de los vascones hacia el 672. Para algunos autores, la política de enfrentamiento con el poder franco por parte de Félix, habría sido continuada por su sucesor Lupo, proceso que culminaría en tiempos de Eudes que lograría el reconocimiento de regnum para la parte meridional de la antigua Galia.

Durante los siglos VI y VII, hay teorías que dicen que los vascones del norte cruzaron los Pirineos, ocupando Aquitania, en la actual Francia, donde su lengua influyó en el idioma romance que daría lugar al gascón, a la que dieron el nombre de Gascuña.

Invasión musulmana: Roncesvalles y la formación del reino de Pamplona

Véase también: Invasión musulmana de la Península Ibérica en el siglo VIII

Durante el invierno del 713 los ejércitos musulmanes alcanzaron el valle medio del Ebro que se encontraba gobernado por el conde hispanovisigodo Casio quien eligió someterse al califa Omeya y convertirse al Islam dando origen a la estirpe de los Banu Qasi a cambio de mantener su poder en la región. Pamplona sin embargo fue finalmente ocupada tras oponer resistencia en el 718 y obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado. La derrota musulmana en la batalla de Poitiers en 732 frente a los francos de Carlos Martel debilitaron la posición musulmana pero el valí Uqba recondujo la situación instalando una guarnición militar en la ciudad entre el 734 y el 741.

La Marca Hispánica de Carlomagno

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La Marca Hispánica fue la frontera político-militar del Imperio carolingio al sur de los Pirineos. Tras la conquista musulmana de la Península Ibérica, este territorio fue dominado mediante guarniciones militares establecidas en lugares como Pamplona, Aragón, Ribagorza, Pallars, Urgel, Cerdaña o Rosellón. A fines del siglo VIII, los carolingios intervinieron en el noreste peninsular con el apoyo de la población autóctona de las montañas. La dominación franca se hizo efectiva entonces más al sur tras la conquista de Gerona (785) y Barcelona (801).

Roncesvalles

Carlomagno, aprovechando la rebelión del gobernador de Zaragoza para intervenir en la Península, atravesó con un ejército franco el territorio vascón y destruyó las defensas de Pamplona en su avance hacia Zaragoza, donde a su llegada el cambio de las alianzas de los sublevados le obligó a retirarse. Carlomagno llegó en el año 778 a las puertas de la ciudad, sin embargo Husayn, el valí de Zaragoza, se negó a franquear la entrada al ejército carolingio. Debido a la complejidad que supondría un largo asedio a una plaza tan fortificada, con un ejército tan alejado de su centro logístico, desistió e inició el camino de vuelta a su reino. Tras reducir a ruinas Pamplona, la capital de los vascones aliados de los Banu Qasi, el 15 de agosto de 778, Carlomagno con el más poderoso ejército del siglo VIII se dirigía al norte por el paso de Roncesvalles, entre el collado de Ibañeta y la hondonada de Valcarlos.

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La Chanson de Roland, inmortalizó el evento. La independencia de los condados occidentales respecto del rey Carlomagno se decidió en el fracaso de la toma de Saraqusta.

El Reino de Pamplona

Al menos hasta el año 1130, los reyes se denominaban Pampilonensium rex.16 Incluso Sancho VI de Navarra llega a utilizar esa denominación el año 1150, cuando normalmente empleaba la de rex Nauarre.

 El Reino de Pamplona es la denominación empleada por algunos historiadores, de acuerdo a los Anales de los Reyes Francos para referirse a lo que fue durante la Alta Edad Media la entidad política surgida en torno a la civitas de Pompaelo, la que había sido la principal ciudad en territorio de los vascones durante la época de la Antigua Roma en la región de los Pirineos occidentales, y al liderazgo de la figura de Íñigo Arista quien fundó la dinastía real y la entidad en el 824, con el apoyo de sus aliados de la familia de los Banu Qasi, señores de Tudela, y del obispado de Pamplona. No existe un consenso entre los especialistas para discernir el número preciso de monarcas y la duración de sus mandatos, como tampoco sobre la extensión de su territorio e influencia.

     

NavarraOtoño17Íñigo Arista 

La dinastía de los Íñiguez terminó con Fortún Garcés quien según la tradición, que lo conoce como Fortún el Monje, abdicó y se retiró al monasterio de Leire, siendo sustituida por la de los Jiménez en el 905 que comenzó con Sancho Garcés I (905-925) cuyo reino es conocido como Reino de Pamplona o Navarra.

Pamplona fue durante mucho tiempo la ciudad más importante y rica en territorio cristiano, numerosos intentos por hacer de ella su capital, fueron hechos por pequeños grupos montañeses de cristianos y más tarde por los territorios cercanos. Además de contar con una población numerosa y estable por encontrarse en el valle rico y fértil del río Arga; Era un lugar de reunión e intercambio entre las rutas del mundo islámico al sur y la Europacristiana al norte, por los pasos pirenaicos vascos y los puertos costeros del Mar Cantábrico y las rutas de este a oeste que seguían también los peregrinos cristianos del Camino de Santiago hacia el reino de León, que atravesaba los condados francos del Imperio carolingio en las actuales Navarra, Aragón y Cataluña desde la costa mediterránea condal, y más allá, a través de los puertos mediterráneos.

En el 812 el emir Al Hakam I y Ludovico Pío acordaron una tregua por la que los carolíngios tomaban el control de Pamplona, delegando el gobierno en Velasco al Gasalqí. Al término de la tregua, Al Hakam retomó las hostilidades con los francos y logró recuperar Pamplona en el 816 a cuyo control los francos renunciaron en adelante. Íñigo Arista, sería designado primer rey de Pamplona hasta el 851.

La costa mediterránea, cuajada desde antiguo de torres de vigía contra la piratería berberisca, al grito de "Moros en la Costa" ve en el 858 a los normandos que suben por el Ebro desde Tortosa, lo remontan hasta el reino de Navarra, dejando atrás las inexpugnables ciudades de Zaragoza y Tudela. Suben luego por su afluente, el río Aragón hasta encontrarse con el río Arga, el cual también remontan, llegan hasta Pamplona y la saquean, raptando al rey navarro. En el 859 los vikingos llegan a Pamplona y secuestran al nuevo rey García I Iñíguez. Sólo tras pagar un costoso rescate el rey vuelve a Pamplona, pero a partir de entonces la vieja alianza entre los Arista y los Banu Qasi se ha roto y García I será aliado del reino de Asturias.

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Musa, en el 855 va a realizar una dura razzia contra Álava y al-Qilá (Castilla) y tras ella se preocupa de restaurar y fortalecer la guarnición militar de Albelda. Viendo la amenaza que esta fortaleza supone sobre los dominios orientales del reino asturiano, Ordoño I y los navarros lanzan una ofensiva contra Albelda. Tras una dura lucha, Ordoño toma la fortaleza y la arrasa. Esta batalla dará lugar en el siglo XII a la legendaria batalla de Clavijo que por muchos es considerada sólo una leyenda.

El navarroaragonés

El navarroaragonés, una lengua romance, anterior al castellano, hablada en el valle del Ebro durante la Edad Media, con reductos actuales en el Pirineo aragonés, conocidos como aragonés y préstamos en el castellano de La Rioja, Ribera de Navarra y Aragón, con diferentes gradaciones. Tiene su origen en el dialecto latino, durante el Reino de Pamplona, sobre un acusado sustratovascón. La lengua recibe, en su período medieval, la denominación entre los lingüistas de "navarroaragonés", por la inicial dependencia aragonesa del Reino de Navarra.

La llamada "Reconquista", o expansión del Reino de Navarra sobre tierras musulmanas y cristianas, con la consiguiente repoblación con cristianos del Reino de Navarra, llevaría consigo el idioma por todo el territorio conquistado. La anexión por el Reino de Navarra de los condados aragoneses supuso una importante influencia de la lengua navarroaragonesa sobre los territorios posteriores de la Corona de Aragón y en el castellano.

La primera constancia escrita de la lengua está en las Glosas Emilianenses, en el Monasterio de San Millán de la Cogolla.

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El apogeo se producirá con Sancho III el Mayor. Ascendió al trono entre el año 1000 y el 1004, heredando el reino de Navarra y el condado de Aragón, bajo la tutoría de un consejo de regencia integrado por los obispos y su madre, e incorporando extensos territorios a sus dominios, como el condado de Castilla además del solar tradicional del reino (Pamplona y Nájera

Bajo su mandato el reino cristiano de Nájera-Pamplona alcanza su mayor extensión territorial, abarcando casi todo el tercio norte peninsular, desde Astorga hasta Ribagorza en la reorganización del reino, se cree que creó el vizcondado de Labort, entre 1021 y 1023, con residencia del vizconde en Bayona y el de Baztán hacia 1025.

Por el Norte, la frontera del reino pamplonés está clara, los Pirineos (caso de haberse extendido la autoridad de los reyes navarros hasta el Baztán, lo que es lo más probable, pero que no se puede acreditar hasta el 1066), y no se modificó. No es cierto, pese a todas las veces que se ha dicho, que Sancho III lograra el dominio de Gascuña (la única Vasconia de entonces, es decir, el territorio entre los Pirineos y el Garona, en el que la población que podemos considerar vasca por su lengua sólo era una minoría).

Tenía su residencia en Nájera, extendiendo sus relaciones más allá de los Pirineos, con el ducado de Gascuña, y aceptando las nuevas corrientes políticas, religiosas e intelectuales.

Su reinado coincidió con la crisis del mundo califal, iniciado a la muerte de Almanzor y terminado con el principio de los Reino de Taifas. Pretendió la unificación de los estados cristianos, bien por vínculos de vasallaje o bajo su propio mando.

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En 1016 fijó las fronteras entre Navarra y el Condado de Castilla, e inició un período de relaciones cordiales entre ambos Estados, facilitadas por su matrimonio con Munia, también conocida como Muniadona, hija del conde castellano Sancho García. De este matrimonio nacieron Fernando (Fernando I de Castilla), Gonzalo (Conde de Sobrarbe y Ribagorza) y las hijas Mayor y Jimena, reina de León al casarse con Bermudo III.

Durante el reinado de García Sánchez III (1035 - Atapuerca, 15 de septiembre de 1054) apodado "el de Nájera", y su hijo Sancho Garcés, Navarra se separa de los reinos vecinos.

la muerte sin descendencia de Alfonso I el Batallador (1134), le sucede García Ramírez de Navarra. Ni aragoneses ni navarros respetaron el testamento de su rey emperador Alfonso, que dejaba los reinos a la orden del Temple y a otras órdenes militares y cada reino escoge un rey diferente, separándose las coronas de Navarra y Aragón después de 50 años.

La progresiva decadencia territorial del reino

Al separarse de Aragón, Navarra se convierte en un reino sin posibilidad de expansión, al no tener frontera con los territorios musulmanes y encontrarse encajonado entre los ahora mucho más poderosos Castilla y Aragón, territorialmente el reino de Navarra fue paulatinamente reduciéndose, aunque culturalmente continua su expansión.

Así, el Laudo arbitral del Rey Enrique II de Inglaterra de 16 de marzo de 1177, realizado entre los Reyes Alfonso VIII, por parte de la corona de Castilla, y Sancho VI el Sabio, por parte del Reino de Navarra, relativo a la pertenencia territorial y límites fronterizos, fue emitido tras aceptar ambos un Pacto-Convenio el 25 de agosto de 1176 en el que aceptaban el arbitrio del rey inglés y que se respetaría una tregua de siete años. Dicho laudo dispuso la entrega a Castilla de ciertos territorios, principalmente de La Rioja, recibiendo Navarra en contraprestación entre otros los territorios de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado (Vizcaya).

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 Enrique II de Inglaterra y Tomás Becket

Así hacia 1200 y a pesar de un labor repobladora navarra de la zona (que dio como fruto, entre otros, la fundación de Vitoria y San Sebastián, dos de las tres capitales de la actual comunidad autónoma del País Vasco), Castilla, apoyada en la baja nobleza, consiguió el apoyo de facciones locales en el Duranguesado, y en Álava, después de haber sitiado Vitoria durante nueve meses.

En cuanto a Guipúzcoa, se ha solido creer que debido a la superioridad militar demostrada por el ejército castellano mandado por el Señor de Vizcaya en Vitoria y ante la entrada de las tropas castellanas en su territorio, Guipúzcoa se incorporó a Castilla mediante negociación. Sin embargo, a raíz de la relectura de fuentes históricas conocidas, hay que reconsiderar esta creencia, puesto que se ha descubierto que al igual que Vitoria, San Sebastián fue también conquistada militarmente.

Los parientes mayores de Guipúzcoa, que ya estaban divididos en dos bandos irreconciliables, mantuvieron sus posiciones: los oñacinos, apoyaban la agregación a Castilla, y los gamboínos, defendían la continuación de la unión con Navarra.

A su vez estos bandos tenían el apoyo de las facciones navarras y así los beamonteses apoyaban a los oñacinos y los agramonteses a los gamboínos.

El trabajo de los monarcas del siglo XIII, tras la conquista parcial de Navarra, se basará en la reconstrucción y reorganización interior del reino y en hacer frente a las continuas apetencias de reparto entre sus vecinos. Pese a todo participará en empresas como la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que destacó el monarca navarro Sancho VII el Fuerte y donde según la leyenda consiguió las cadenas y la esmeralda que conformaron desde entonces el símbolo de la dinastía de Navarra, en sustitución de su emblema personal llamado 'Arrano beltza (águila negra).

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La muerte sin descendencia de Sancho VII el Fuerte, a pesar de haber dejado un pacto de prohijamiento con Jaime de Aragón, supone la entronización en Navarra durante casi dos siglos de dinastías francesas (la de Champaña, la Capeta y la de Évreux

Guerra de la Navarrería (1276)

La ciudad de Pamplona estaba dividida en burgos independientes y enfrentados (Navarrería y San Miguel frente a los burgos de San Cernin y San Nicolás), aliados con otros Estados siendo, por ejemplo, arrasado el barrio de la Navarrería por tropas francesas en 1276

La guerra civil (1451)

Tras la instauración de la Casa de Trastámara en Aragón a mediados del siglo XV, la crisis sociopolítica del reino fue paulatinamente polarizando a las fuerzas vivas de Navarra en torno a dos bandos: los beamonteses y los agramonteses.

Este enfrentamiento llevaría a una guerra civil en 1441, cuando Juan II de Aragón (rey consorte de Navarra) se quedó para sí el trono, en vez cederlo a su hijo Carlos, Príncipe de Viana, al que le correspondía. Carlos había sido designado heredero del reino por el testamento de su madre la reina Blanca, aún prescribiendo dicho documento que no tomara posesión del reino sin el beneplácito de su padre Juan II.

La conquista castellano-aragonesa (1512)

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A finales del siglo XV el rey de Aragón Fernando el Católico realizaba continuas injerencias en la guerra civil de Navarra en apoyo a los Beaumonteses y que en algunos periodos había supuesto una auténtica ocupación militar. A principios del siglo XVI los beaumonteses habían perdido la guerra civil y su líder había huido al exilio castellano, donde falleció. Desde allí su descendiente apoyó al rey aragonés en su ya decidida invasión del reino de Navarra. Esto hizo que en 1512 el rey de Navarra se viera obligado a firmar el Tratado de Blois, por el cual conseguía apoyo del reino de Francia ante una posible agresión. Esto fue considerado por Castilla y Aragón como una beligerancia, ya que Francisco I de Francia estaba enfrentado al castellano-aragonés y además era declarado un monarca cismático en el V Concilio de Letrán por el papa Julio II.

Fernando el Católico, que era hermanastro del fallecido Carlos Príncipe de Viana (hijo de Juan II y su segundo matrimonio con Juana Enríquez), inició la invasión el 10 de julio con la toma de Goizueta, aunque no se publicitó y ocho días antes de la firma del Tratado de Blois. El grueso del ejército de más de 16.000 hombres bien pertrechados y experimentados entró en Navarra desde Álava el día 22 de julio, al mando de Fadrique Álvarez de Toledo, segundo duque de Alba con apoyo del líder beaumontés conde de Lerín (Condestable de Navarra) y sus hombres.

En otros lugares de Navarra, la resistencia fue mayor: Lumbier hasta el 10 de agosto, Estella hasta agosto, Viana hasta el 15 de agosto, Roncal hasta el 9 de septiembre, al igual que Tudela, que fue el mayor bastión agramontés, donde para tomarlo tuvieron que venir fuerzas de Aragón. Los reyes navarros Juan y Catalina se refugiaron en sus dominios del Bearn desde donde organizaron la resistencia.

La segunda tuvo lugar en 1516, aprovechando la muerte de Fernando el Católico y la complicada sucesión castellana. El ejército, al mando del mariscal Pedro de Navarra, mal pertrechado y equipado, fue derrotado en el Roncal por el coronel Fernando de Villalba. El mariscal fue hecho prisionero (moriría asesinado en el castillo de Simancas en 1522). Para evitar posteriores problemas, el cardenal Cisneros, regente de Castilla, ordenó la demolición de todas las fortalezas, exceptuando las estratégicas y las pertenecientes a los aliados beamonteses.

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En 1521, aprovechando la Guerra de las Comunidades que asolaba Castilla, y reinando Enrique II, que contaba con el apoyo incondicional de su cuñado Francisco I de Francia, deseoso de debilitar a toda costa a Carlos I, tuvo lugar un alzamiento generalizado en toda Navarra, incluyendo las ciudades beamontesas, al tiempo que un ejército navarro-gascón que vino por el norte, consiguió reconquistar toda Navarra. definitivamente para 1530, donde el rey de Navarra Enrique II, mantuvo la independencia del reino.

A pesar de los diversos intentos de reconquista, Fernando el Católico había seguido trabajando para consolidar la incorporación institucional de Navarra a sus dominios. En 1513, las Cortes de Navarra, convocadas en Pamplona por el virrey castellano y sólo con la asistencia de beamonteses, nombraron a Fernando el Católico rey de Navarra. El nuevo rey se comprometió a respetar los fueros del reino.

Los reyes posteriores continuaron jurando las leyes propias navarras. Sin embargo, a partir del siglo XVIII, los fueros comenzarán a ser definitivamente atacados hasta ser abolidos en el siglo XIX. En 1516, el cardenal Cisneros ordena eliminar todos los signos defensivos de Navarra, debido a la imposibilidad de defender con el ejército castellano todos los castillos. Navarra llegó a tener más de un centenar de castillos en todo lo que fue el Reino de Navarra.

Desde ese momento la actual Navarra peninsular quedará integrada en la Monarquía Hispánica, no presentando inestabilidad de calado y permaneciendo con la corona castellana cuando hacia 1640 el sistema territorial de la monarquía de los Austrias entra en crisis con la separación de Portugal y la revuelta de Cataluña. Pese a todo, y de manera paulatina, conforme la rivalidad franco-española se traslade a otros ámbitos, La dinastía Habsburgo establecerá en Pamplona la figura de un virrey, permaneciendo con gran actividad las cortes del reino.

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Durante la Guerra de Sucesión Española, Navarra (a pesar del fiero sentimiento anti francés del pueblo) se posicionará a favor del duque de Anjou (futuro Felipe V) en lugar de por el archiduque Carlos de Austria (como lo hicieron los reinos de la Corona de Aragón). Es por ello por lo que tanto Tudela como Sangüesa fueron ocupadas por las tropas austracistas. A la finalización del conflicto, Navarra, al igual que las provincias vascas, conservaron sus fueros frente a los reinos de la Corona de Aragón, declarados traidores por Felipe V y despojados de sus prerrogativas forales por los Decretos de Nueva Planta.

Lógicamente, la nueva dinastía reinante se mostró mucho más centralista y menos pactista que la Habsburgo y en diversas ocasiones el régimen foral fue puesto en entredicho desde el gobierno de la monarquía.

NavarraOtoño26Maravedí emitido en Pamplona

La provincia de Navarra (1841)

NavarraOtoño27    Zumalacárregui

El 14 de noviembre de 1833 los rebeldes carlistas eligieron en Estella a Tomás de Zumalacárregui como su jefe.

El general Maroto a cargo de las tropas carlistas del Norte y el general Espartero como representante del gobierno de Isabel II, el 29 de agosto de 1839, firman el Convenio de Oñate que puso fin a la Primera Guerra Carlista (1833-1840) en el norte de la península, confirmado con el conocido como "el Abrazo de Vergara" entre Maroto y Espartero el 31 de agosto. Maroto no contaba con el apoyo del pretendiente don Carlos y tampoco con la avenencia de parte de sus tropas. El 14 de septiembre de 1839 el pretendiente carlista y las tropas que le permanecían fieles cruzaron la frontera francesa y la guerra iniciada en 1833, con el apoyo mayoritario de la población rural de Navarra al pretendiente real don Carlos, terminó en el frente norte.

En este convenio también se acuerda eliminar ciertas particularidades forales para adecuarlas a la constitución de 1837 (Artículo 1.°. El capitán general, don Baldomero Espartero, recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.), según posteriormente se reflejaría en el Decreto de Confirmación de Fueros de 1839, con el compromiso de respetar los fueros «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía», "oyendo" a Navarra y a las Provincias Vascongadas.

El gobierno liberal quería imponer sus principios centralistas y suprimir los fueros por considerarlos privilegios medievales injustos y por ello los liberales de la Diputación Provincial con Yanguas Miranda como cabeza visible, negocian con el gobierno central la supresión de casi todos los privilegios forales. De esta manera en 1841 y mediante la Ley de Modificación de Fueros de Navarra, después llamada Ley Paccionada Navarra, el Reino de Navarra dejó de existir y pasó a ser considerada como una «provincia foral», con lo que pierde definitivamente su soberanía en favor de una soberanía española. Con ello perdió prerrogativas, como la exención del servicio militar y la acuñación de moneda propia, así como el traslado de las aduanas del Ebro a los Pirineos. Sin embargo, la provincia seguía reteniendo amplia autonomía fiscal, administrativa y tributaria consignada en la Ley Paccionada de 1841.

El calificativo de "Paccionada" hacía referencia a que su promulgación fue pactada con la Diputación Provincial, la cual estaba controlada por los liberales navarros. Todo este proceso fue abiertamente criticado por Ángel Sagaseta de Ilurdoz Garraza último Síndico de la Cortes del Reino.

El ministro de Sagasta, Germán Gamazo, intentó suprimir en 1893 la autonomía fiscal de la Ley Paccionada, se produjo una reacción popular e institucional denominada como «Gamazada». Esta normativa no se llegó a aplicar debido a que el ministro dimitió por otras razones, entre otras, por la rebelión en Cuba de 1895.

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Algunos personajes navarros

Emilio Arrieta Corera:(Puente la Reina, Navarra, 21 de octubre de 1823 – Madrid, 11 de febrero de 1894)  compositor español del siglo XIX, con una destacada producción teatral y cuya mayor contribución a la música española fue al género de la Zarzuela.

De familia humilde de labradores, quedó huérfano de niño y se trasladó y educó en Madrid con su hermana Antonia, donde inició sus estudios de música en el Conservatorio de Madrid. En 1839 su hermana le llevó a Italia donde estudia piano con el maestro Perelli y armonía con Mandancini, de forma privada. En 1841 ingresa en el Conservatorio de Milán, gracias a la generosidad del conde de Litta, estudiando piano y armonía con el maestro Nicola Vaccai (entre 1838 y 1846), terminando la carrera con premio extraordinario.

Quizás su obra más conocida sea “Marina”

Hilarión Eslava Elizondo: (Burlada, Navarra, 21 de octubre de 1807 - Madrid, 23 de julio de 1878), fue un compositor y musicólogoespañol del siglo XIX.

Fue niño de coro y violinista de la Catedral de Pamplona. Estudió órgano, violín y piano con Julián Prieto, y composición con Francisco Secanilla.

En 1828 fue maestro de capilla de la Catedral de El Burgo de Osma; se traslada a Sevilla, donde se ordena sacerdote y figura como maestro de la Real Capilla. Durante su estancia en Sevilla estrenó algunas obras de carácter secular.

En 1844 viaja a Madrid donde es también maestro de capilla de la Capilla Real de Madrid. En 1854 es nombrado profesor de composición del Conservatorio de Madrid, centro que once años más tarde pasó a dirigir.

Fue fundador, junto con Arrieta, Gaztambide y Barbieri, del grupo La España Musical, dedicado a defender la ópera española. Sus obras denotan la influencia italiana y está considerado uno de los pocos auténticos músicos románticos españoles.

Obras: Sinfonía Fantástica, El Miserere de Sevilla o su Método de Solfeo

 

Julián Gayarre Garjón: Sebastián Julián Gayarre Garjón (Roncal, Navarra, 9 de enero de 1844 – Madrid, 2 de enero de 1890), tenor.

Nació en el seno de una familia humilde. Después de abandonar la escuela, una vez terminados los estudios elementales, con tan solo trece años, comenzó a ganarse la vida como pastor.

Dos años después su padre decide enviarlo a Pamplona, para trabajar como dependiente de un pequeño establecimiento. Aquí es donde se produce su primer contacto con la música, dejando el negocio abandonado para seguir a una banda de música que pasó desfilando por delante de la tienda. Esto le supuso el despido y la vuelta a Roncal.

Posteriormente, trabajó en una forja en Lumbier, que dejó a los 18 años, cuando decidió regresar a Pamplona para instalarse como herrero.

Se cuenta que Gayarre tenía por costumbre cantar mientras trabajaba, por lo que un compañero le ofreció apuntarse al recién creado Orfeón Pamplonés que dirigía Joaquín Maya, quien lo admitió como primer tenor, al escuchar la voz del joven Gayarre.

Así entró en contacto con el mundo del solfeo de la mano del método de Hilarión Eslava, maestro navarro de Burlada, quien le ayudó a marchar al Conservatorio de Madrid como becario, donde ganó el segundo premio de canto en 1868.

Con 25 años y tras ser rechazado por el maestro Gaztambide, regresó fracasado a Pamplona.

Sus protectores y amigos de Pamplona le consiguieron una beca de la Diputación Foral de Navarra que le llevó a estudiar a Milán (Italia), donde alcanzó un éxito clamoroso en apenas tres meses. A partir de ese momento su carrera fue imparable.

NavarraOtoño29  Gayarre en su debut en La Scala de Milán en 1876

Triunfó en Bolonia, Roma, en la Ópera de San Petersburgo (donde cantó por primera vez su ópera predilecta, La favorita), Moscú, Viena... Su consagración definitiva llegó el 2 de enero de 1876, en La Scala de Milán con La favorita, obra que le colocó como primer tenor del mundo.

Sus actuaciones en Londres, Buenos Aires, Austria, Alemania, el Teatro Real de Madrid, Sevilla, Liceo de Barcelona, Nápoles, la Ópera de París... le valieron el sobrenombre de «senza rivali, le Roi du chant».

En diciembre de 1889, en Madrid, accedió a cantar Los pescadores de perlas, a pesar de encontrarse enfermo, probablemente de un cáncer de laringe. Salió a escena y al atacar una nota aguda se le quebró la voz y sufrió un desvanecimiento. Gayarre cae en una profunda depresión que, unida al cáncer, le lleva a la muerte a las 4:25 de la madrugada del 2 de enero de 1890, a los 46 años de edad, en Madrid.

Julián Gayarre murió soltero, pero se sabe que tuvo una hija con la tiple María Mantilla que se llamó como su madre y a la que Gayarre no olvidó en su testamento.

En Roncal, su pueblo natal, se encuentra el panteón-mausoleo erigido en su honor, obra de Mariano Benlliure. Allí es donde descansa su cuerpo embalsamado. Antes de su embalsamamiento, los doctores que le siguieron durante su enfermedad le extrajeron la laringe (actualmente, se puede ver en el Museo de Navarra). La casa en Roncal que regaló a sus padres ha sido convertida en Casa-Museo. El amor que sintió por su pueblo natal le llevó a financiar la construcción de las escuelas, así como del frontón.

En 1902 se inaugura en Pamplona el Teatro Gayarre en memoria del tenor.

Se discute mucho acerca de la existencia de grabaciones del propio Gayarre. Aunque no se conoce ninguna actualmente, sí es cierto que podrían existir pues ya se habían inventado técnicas de grabación y comercializado lo suficiente como para poder llegar hasta él.

Pablo Sarasate Navascués: (Pamplona, España, 10 de marzo de 1844 – Biarriz, Francia, 20 de septiembre de 1908) fue violinista y compositor.

Hijo del músico militar Miguel Sarasate Juanena y de Javiera Navascués Oharrechena. Niño precoz e hijo de padres conscientes del futuro de su hijo, tomó lecciones de violín, debutando a la edad de siete años en La Coruña. Estudió en Santiago de Compostela entre 1846 y 1849 con José Courtier, primer violín de la catedral y profesor de la Escuela de Música de Santiago de Compostela.

En 1852 se trasladó a Pontevedra, donde continuó sus estudios musicales con el músico local Urbano Casasvellas. Era asiduo de los ensayos de la banda del Regimiento Aragón, que dirigía su padre.

La Condesa de Espoz y Mina le concedió una pensión para estudiar en Madrid. Una vez en la capital de España, la reina Isabel II le concedió una beca para ampliar sus estudios en París, a donde se trasladó en 1856, y allí ingresó en el Conservatorio bajo la tutela de Jean-Delfin Alard. En dicho viaje a París, al pasar por la localidad de Biarritz, él y su madre enfermaron. Falleció la madre, lo que lo dejó huérfano a la edad de doce años.

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En 1857, obtuvo el Premio de Violín del Conservatorio de París y dos años después comenzó su carrera de concertista, que lo llevó por toda Europa y América. Ganó premios, destacó en sus lecciones y en seguida fue premiado y reconocido como el gran concertista que era.

La actividad de Pablo de Sarasate como compositor escapa a la leyenda, puesto que hoy en día sus obras están a disposición de todos quienes lo deseen.

Por el grado de dificultad técnica de las piezas de su catálogo, se adivina que los elogios debieron de ser sinceros, ya que no habría compuesto lo que él mismo no se hubiera atrevido a tocar con propiedad y brillantez.

Una constante en sus obras es la presencia del folklore español, destacando las jotasnavarras y zorcicosvascos como punto de partida y como principal elemento rítmico y melódico.

Entre sus obras más populares figuran la Fantasía sobre Carmen de Bizet,  los Aires gitanos y una serie de piezas con fuerte inspiración folclórica española, como la Malagueña, la Habanera, la Romanzaandaluza, el Zapateado y el Caprichovasco.

Bosques de Navarra (Irati)

El Bosque o Selva de Irati es un bosque repartido entre el norte de Navarra (España) y el País Vasco francés (Sola y Baja Navarra) al suroeste de Francia.

Por su parte española, está situada en el valle del río Irati, entre los montes de Orzanzurieta y Roncesvalles al oeste, y el monte Orhi al este. El límite sur lo pone la imponente mole de la Sierra de Abodi. Los principales accesos son por el oeste por Orbaiceta (Valle de Aézcoa) y por el este por Ochagavía (Valle de Salazar).

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Se trata de la mayor masa forestal de Navarra y uno de los mayores y mejor conservados bosques de hayas (Fagus sylvatica) y abetos (Abies alba) de toda Europa. A pesar de ser un bosque explotado forestalmente desde los siglos XVI-XVII, el respeto y el buen hacer de los habitantes de estos valles ha hecho que se conserve en total plenitud. Existen dentro de la zona diversos espacios protegidos: todo el Irati es una ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves), así como zonas protegidas como Reserva Natural o Reserva Integral del total de 17.000 ha del bosque.

Además de los bosques, Irati contiene una gran riqueza faunística, donde destacan los ciervos cuyo celo o "berrea" puede disfrutarse en otoño, además de especies en peligro de extinción que encuentran aquí uno de sus últimos reductos, como los pájaros carpinteros, pito negro y pico dorsiblanco entre otras muchas.

Irati contiene además varios endemismos pirenaicos tanto de flora como de fauna, como el tritón pirenaico.

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El Románico Navarro

El Monasterio de San Salvador de Leyre, o simplemente Monasterio de Leyre (en euskera Leire), es uno de los conjuntos monásticos más importantes de España por su relevancia histórica y arquitectónica. Entre los diferentes edificios que componen el conjunto existen ejemplares del románico muy destacados por pertenecer a un periodo muy temprano del mismo y por su excelente estado de conservación. El monasterio se ubica en el nordeste de la Comunidad Foral de Navarra, cerca del límite con Aragón.

Existen noticias documentadas sobre Leyre ya en el siglo IX. El monasterio tuvo una gran relevancia en la historia de reino de Pamplona-Nájera y posteriormente en el de Navarra, así como en la Reconquista. En él está ubicado el panteón en el que yacen los primeros monarcas del reino de Pamplona.

Leyre fue fundado como un monasterio benedictino, aunque posteriormente pasó a estar en manos de monjes cistercienses. En la actualidad, el conjunto monástico pertenece a la Comunidad Foral de Navarra, que lo ha cedido a sus primitivos moradores, la orden benedictina, para su cuidado y funcionamiento.

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Eunate

Santa María de Eunate es una iglesia románica ubicada en campo libre, a 2 km. de Muruzábal, en Navarra, España. Se halla en el lugar donde se juntan los Caminos de Santiago de Somport y de Roncesvalles.

La iglesia fue construida en estilo Románico en la segunda mitad del siglo XII. Primeramente se trató de una ermita mariana de una cofradía local. Como está lejos de un pueblo y se han encontrado vieiras (atributo tradicional de la peregrinación jacobea) en las tumbas que se hallan en la iglesia, se opina que fue un hospicio para los peregrinos.

El conjunto es de planta octogonal imperfecta y está rodeado por una galería porticada de 33 arcos, con capiteles decorados. La armonía de la planta octogonal queda rota por un ábside pentagonal y una torreta de planta cuadrada adosada al lado de la Epístola. En los muros exteriores se alternan ventanas caladas y ciegas y dos puertas de acceso, la del norte ante el Camino, muy decorada, y otra de más sencilla hacia poniente.

La originalidad de la concepción arquitectónica de este templo ha llamado mucho la atención de visitantes y estudiosos. La planta centralizada, aunque conocida, no fue demasiado usual en el Románico hispano; existen ejemplos como la iglesia de san Marcos de Salamanca (circular) o la Vera Cruz en Segovia (decagonal), pero sustancialmente diferentes al edificio que nos ocupa, debido a las imperfecciones del de Eunate. La construcción más semejante, cercana además a Santa María de Eunate, es la iglesia de Torres del Río, también en Navarra. Ambos edificios comparten formas muy similares, aunque en la última falta la galería de arcos de Eunate, a modo de claustro octogonal. La actual situación aislada de este monumento, gracias a que no se ha producido una urbanización en su entorno, invita a la imaginación de los visitantes y ha sido escenario para varios proyectos relacionados con los Templarios.

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Leyendas de Navarra

 

La Torre de Urkulu, Hércules y Pyrene

 

Cuenta una leyenda de Navarra que la Torre de Urkulu fue la tumba de Pyrene.

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Esta muchacha era hija de Tubal que reinaba sobre los territorios del norte de la Península.

Pyrene era una dulce muchacha que tenía enamorados a muchos hombres. Y aunque muchos la pretendían, el corazón de Pyrene solo sentía una atracción especial  por uno de ellos. Este muchacho no era otro más que el propio Hércules.

A Pyrene le encantaba pasear por los bosques donde vivía y llevaba a Hércules a sus rincones preferidos para que nadie los pudiera encontrar juntos.

Sin embargo, hubo un día que Tubal los siguió. Y ante aquel espectáculo montó en cólera y desterró a Hércules de aquellas tierras para siempre. 

Los dos muchachos ni siquiera pudieron despedirse porque la furia de Tubal iba aumentando a cada segundo que pasaba.

Todos los días recorría el bosque buscando a Hércules en los rincones que ella le había enseñado. Pero siempre regresaba cabizbaja y desesperada.

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Cuenta la leyenda que un día, mientras Pyrene paseaba sola se le apareció un terrible monstruo con forma de perro que tenía tres cabezas. Este terrible monstruo se llamaba Gedeón.

Cuando vio lo hermosa que era la muchacha se lanzó desesperado para poseerla. Pero Pyrene supo reaccionar a tiempo. Salió corriendo internándose por los senderos que tan bien conocía para intentar despistar a Gedeón. Al principio, éste la seguía a corta distancia.

Pyrene se conocía muy bien aquel bosque y se internó en uno de sus rincones preferidos donde era muy difícil que la encontrara.

Desesperado el perro de tres cabezas dándose cuenta que la había perdido pensó que lo mejor era provocar un incendio en el bosque para obligarla a salir y…

Y así lo hizo. Los árboles comenzaron a arder y el humo empezó a ser muy denso…

Y Pyrene, que se encontraba muy cerca de la zona del fuego, comenzó a no poder respirar.

Sin embargo la muchacha tenía la firme convicción de que no iba a moverse de allí porque prefería morir a entregarse a aquel monstruo.

Mientras las llamas iban engullendo los árboles con una despiadada rapidez, un águila que sobrevolaba el valle ya había decidido que debía hacer.

Amiga esta rapaz del propio Hércules, remontó su vuelo y no paró hasta llegar donde se hallaba desterrado el muchacho.

Le contó todo sin demasiados detalles para no perder tiempo y ambos se dirigieron velozmente hacia el bosque.

 

Cuando Hércules llegó al rincón donde se encontraba su amada vio a Pyrene desmayada y casi sin respirar.

La tomó en sus brazos y antes que ella falleciera le declaró su amor.

Con el último latido de Pyrene llegó el grito más desgarrador que se hubiera escuchado nunca por aquellas montañas. 

-¡Pyrene!, ¡Pyrene!- gritó Hércules desesperado.

Y cuentan que el eco fue tan arrollador en toda la cordillera montañosa, en sus valles, bosques y ríos que todos se consideraron llamados así: Pirineos.

Al amanecer, Hércules decidió construir un mausoleo para enterrar a Pyrene. Allí, en lo más alto de la cima, para que ella pudiera disfrutar de las vistas que tanto había amado siempre.

Hércules se dejó llevar por tal pasión que comenzó a elevar una torre con las piedras calizas de la montaña.

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Allí, en la inmensidad…

Cuentan que así nació la cordillera de los Pirineos. Del amor intenso entre Hércules y Pyrene.

 

La leyenda del ajedrez de Carlomagno y la espada de Roldán

Cuenta la leyenda que, para celebrar su cuarenta aniversario, el emperador Carlomagno organizó una fiesta en la que retó, a un soldado franco, a una partida de ajedrez.

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Este hombre tenía fama de ser el mejor jugador de ajedrez del reino, su nombre era Garín.

Para dicha partida, Carlomagno ofreció un ajedrez bellísimo que a todos embaucó. Se lo había regalado el gobernador musulmán de Barcelona, en agradecimiento por una ayuda prestada en batalla.

Esta obra de arte había sido realizada por artesanos árabes. Era tan grande y pesado que para transportarlo se necesitaban ocho personas que se lo colocaban a los hombros.

Además del tablero, las piezas eran de espectacular belleza. Estaban hechas de materiales nobles y decoradas con piedras preciosas como rubíes, diamantes o zafiros.

Como estaban confeccionadas con materiales muy brillantes deslumbraban de una forma, casi misteriosa, a todos los que las contemplaban.

La pieza más grande del ajedrez era el rey que medía 15 centímetros de altura. Era la figura de un hombre con corona subido en un elefante.

La reina iba sentada en una silla decorada con piedras preciosas. 

El alfil era un elefante que llevaba una silla con gemas incrustadas que tenían formas muy extrañas.

El caballo era una preciosa representación de este animal de origen árabe. Esbelto y con singular bravura.

La torre estaba representada por un camello que portaba una gran silla en forma de torreón alto.

Y, por último, el peón era un soldado  con unos bonitos ojos hechos con dos piedras preciosas y que llevaba una espada con una bella empuñadura de diamantes.

Dicen que este ajedrez estaba embrujado y tenía poderes mágicos: hacía desear la muerte de cualquier persona con tal que se ganara la partida.

Cuentan que, antes de comenzar la partida, Carlomagno habló de una forma muy extraña a todos los asistentes:

-Propongo una apuesta- dijo en pie dirigiéndose a Garín-. Si tú me ganas en esta partida, te donaré los territorios que poseo desde Aquisgrán hasta los Pirineos. Además, te concederé la mano de mi hija mayor.

Se organizó un gran revuelo en el patio ya que, de todos era sabido, el amor que profesaba Carlomagno a sus hijas y a su reino. 

Comenzaron a escucharse rumores de los más incrédulos que mencionaban que aquel ajedrez estaba embrujado.

-Pero igual te digo Garín, que si pierdes la partida serás degollado aquí al amanecer- sentenció Carlomagno.

La partida comenzó de una forma muy extraña entre murmullos y destellos casi mágicos. 

Los dos contendientes, el emperador y Garín, se estaban comportando de una forma muy extraña.

Parecían como poseídos por el mismísimo diablo. Sus cuerpos temblaban de forma muy visible; las gotas de sudor corrían por sus rostros; sus miradas mostraban puro odio.

Carlomagno estaba muy alterado y enfadado, mientras que, a Garín se le notaba enfermizo y desolado.

Cuando llevaban poco más de una hora de juego, de pronto, el semblante de Carlomagno se volvió humano. Las lágrimas surcaron su rostro.

Con una poderosa fuerza interior, se levantó de su silla, cogió el tablero de ajedrez y lo volcó con gran fiereza.

Todas las piezas rodaron por el suelo dejando un halo de misterio allí por donde pasaban…

Cuentan que, Carlomagno, repuesto de esa enfermiza actitud gritó con gran fuerza:

-Los nuestros han comenzado la batalla. ¡Suena con gran poder el olifante de mi sobrino Roldán!- dijo Carlomagno dirigiéndose hacia el capitán del ejército.

Entonces, el emperador, mandó tocar todos sus olifantes para que Roldán supiera que le había oído y acudía en su ayuda.

El ejército de Carlomagno se vistió con cotas de malla, yelmo, y portaba lanzas y espadas. Cabalgaban hacia el paso de los desfiladeros.

Carlomagno iba montado en su caballo, deseoso de venganza.

Mientras iba rogando a Dios que mantuviera vivo a su sobrino Roldán para que pudieran luchar juntos contra los sarracenos…

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En algún lugar de Roncesvalles, Oliveros, fiel amigo de Roldán, se ha asomado a un barranco. 

Allí, ve un gran ejército de sarracenos que llega desde España.

-Oigo el ruido metálico de multitud de escudos, yelmos, lanzas y espadas. El eco nos trae el golpeteo de los caballos sobre la tierra- dice Oliveros dirigiéndose a Roldán-. ¡Desfilan muchísimos hombres! ¡Nunca he visto brillar tanta cota de malla junta! ¡Roldán!- grita desesperado Oliveros-. ¡Toca el olifante para que Carlomagno te oiga!

-Haré tocar el olifante- dijo Roldán acercándose a ver quien les acechaba-. No te preocupes, mi tío vendrá rápidamente a ayudarnos y la batalla se tornará más cruenta todavía. Pero espera un poco. Somos valientes y bravos, podemos vencerlos- comenta Roldán muy seguro de sí mismo.

Pero algunos de los sarracenos ya estaban escondidos esperando atacar la retaguardia del ejército de Roldán. 

Eligieron un camino muy estrecho. A un lado, se abría el abismo, al otro, un bosque muy denso donde no había escapatoria.

Comenzaron los sarracenos a lanzarles desde lo alto multitud de rocas que rodaban por la montaña; además, les tiraban piedras para que los animales de los carros se asustaran y les precipitaran al barranco.

Carros, caballos e infantería fueron precipitándose al vacío. La retaguardia de Roldán había sido aniquilada.

Consciente de la gravedad de la batalla, Roldán intenta llegar al collado para, desde allí, hacer sonar su olifante y pedir ayuda a Carlomagno.

Mientras, todos luchan con gran bravura contra los sarracenos. Roldán es herido de muerte en el llano de Roncesvalles.

Aún así, intenta llegar al collado para hacer sonar su olifante. Y lo hace con tanta fuerza que éste se parte y las venas de las sienes y cuello le estallan. 

Pero consigue su objetivo, Carlomagno ya le había escuchado.

Roldán siente como la vista se le nubla y la vida se le va. 

Solo le queda una obligación más: proteger de los infieles a su espada Durandal.

Cae casi desmayado a la sombra de dos árboles mirando hacia el cielo. Retomando fuerza, se incorpora. Se dirige hacia una roca oscura. En ella, intenta destrozar a Durandal.

Pero con gran fuerza, golpea la espada una y otra vez. Durandal, fiel amiga de todas las batallas no se rompe. Ni se mella ni se astilla.

Falto de fuerzas y sabiendo que la espada no se va a romper se la lleva con él. Se deja caer en el césped. 

Coloca su olifante partido y la espada entre su espalda y la tierra. Cruza sus brazos dirigiendo la mirada hacia España…

Y Roldán muere...

 

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La Brecha de Roldán

 

Carlomagno llegó por fin a Roncesvalles. Allí descubrió con gran dolor la violencia de la batalla. No existía un solo trozo de tierra que no estuviera manchado de sangre.

Cuerpos mutilados, armas rotas, cadáveres, desolación, lamentos de los heridos…

Carlomagno, buscaba desesperadamente a su sobrino Roldán. 

Cuando decidió subir a collado, lo encontró a la sombra de dos árboles. Contempló la roca negra donde el soldado había intentado destrozar a Durandal.

Le tomó entre sus brazos y lloró desconsolado y arrepentido por haberse dejado embrujar y no haber estado combatiendo al lado de su querido sobrino.

Cuentan que, las muchachas del valle, cuando se enteraron que su héroe había muerto, subieron para verle por última vez. 

Iban provistas de lanzas que fueron clavando en la tierra como símbolo de redención.

Dicen que, de cada lanza, nació un árbol que formó el bosque de Ibañeta.

Tan arrepentido estaba Carlomagno de su distracción que decidió realizar el  Camino de Santiago para pedir perdón al santo.

Recorrió desde Roncesvalles todo el norte de la península. Ascendió y descendió montañas, cruzó ríos, soportó lluvias, caminó por barrancos y aguantó el frío.

Carlomagno, llevaba un pergamino donde, todas las noches apuntaba en él, los pecados que iba recordando para contárselos al santo y pedir su perdón.

Cuenta la leyenda que cuando Carlomagno llegó a la tumba de Santiago y sacó su pergamino para relatarle todos sus pecados, vio que en éste no había escrito nada. Estaba vacío.

Fue el símbolo de que el Apóstol Santiago le había perdonado por el sacrificio que había realizado.

Dicen que la espada de Roldán, Durandal, sorprendió a todos los peregrinos de la Edad Media. 

Era un arma hermosísima. Tenía una empuñadura formada por tela de la túnica de la Virgen María, un diente de San Pedro, unas gotas de sangre de San Basilio y unos cabellos de San Denís.

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Muchos de los peregrinos de toda Europa querían contemplar donde se había celebrado la batalla de Roncesvalles y donde había intentando destruir Roldán, su espada Durandal.

Leyenda de Roldán y Ferragut

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Si por una afortunada casualidad, pasan por delante del Palacio de los Reyes de Estella-Lizarra, ejemplar único de palacio románico, podrán observar esculpida en uno de los capiteles que adornan su fachada, la Leyenda de Roldán y Ferragut, que a continuación les voy a contar:

En aquel tiempo en que Carlomagno, rey de los francos, vivía el esplendor de su imperio rodeado por la aureola heroica de sus doce pares, ocurrió que un gigante musulmán de origen sirio, descendiente de la estirpe de Goliat, osó desafiar a cada uno de los doce soldados.

Primero venció al gran Ogier, a Reginaldo de Montalbán después, y así, uno a uno, hasta que sólo quedó el valeroso Roldán. Y aunque el emperador no había querido arriesgarlo en tal empresa, éste acudió al desafío, que tradicionalmente se celebraba en la ciudad de Nájera.

Según contaban las malas lenguas, parecía que Roldán pudiera ser sobrino, o tal vez hijo de los amores incestuosos de Carlomagno y su hermana.

Los combates de Roldán y Ferragut fueron terribles, pero tan equilibrados que, finalmente, hubo de decretarse una tregua al no producirse ningún claro vencedor. Durante la tregua, el paladín cristiano y el campeón islamita intimaron, y Ferragut, ingenuo y confiado, confesó a su nuevo amigo el secreto de su poder: sólo un punto de su cuerpo era vulnerable, el ombligo.

Al día siguiente durante la comida, Roldán provocó una discusión sobre la verdad y el error de sus dos religiones, entonces enemigas declaradas, que subió de tono hasta tal punto que ambos decidieron resolverlo con una ordalía, es decir, un juicio de Dios en el palenque.

Como no podía ser de otra manera, en el primer encuentro del combate Roldán hundió la punta de su lanza en el punto débil que el propio gigante le había revelado, el ombligo. Y fue así como el fiero y cándido Ferragut cayó herido de muerte.

Desde entonces hasta ahora, muchos varones de Nájera han sido bautizados con el metálico nombre de aquel gigante legendario: Ferragut.

 

Leyenda del Brujo de Bargota

Siendo yo un niño solía jugar con mi hermano y amigos junto a la charca de Viana, conocida hoy como La laguna de las Cañas. En torno a sus aguas, se creía que brujos de toda la comunidad se reunían para realizar conjuros e invocar al diablo, pero los niños nunca habíamos osado preguntar cuanto de verdad había en aquellas historias.

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Una noche, mi hermano me convenció para esperar despiertos y observar... No pude contener mi pavor cuando, al mirar hacia el cielo, varias siluetas mágicas surcaron el firmamento en dirección de la charca de Viana.

Al llegar a casa me escondí aterrado bajo las sábanas, y cuando mi hermano estaba tratando de consolarme, como si una fuerza se hubiera apoderado de él, salió repentinamente de la habitación. A pesar de mi desasosiego, salté de la cama y le seguí. Nos adentramos en la oscuridad de la noche y enfilamos anhelantes hacia la laguna. Escondidos entre la maleza descubrimos espantados cómo varios brujos bailaban alrededor un intenso fuego mientras recitaban ininteligibles frases. De entre todos, pudimos reconocer a Juanes, vecino del pueblo que según las malas lenguas, siempre había anhelado ser proclamado sacerdote

Días después, comenzó a rumorearse que El Brujo de Bargota, como apodaban a Juanes, había invocado una noche al diablo y se había servido de malvados geniecillos para lograr levantar su casa en una sola noche. Y aunque nosotros habíamos sido testigos de todo aquello, no osamos confesarlo y se convirtió en nuestro secreto mejor guardado.

Años más tarde, tras la celebración del juicio de Juanes por el Tribunal de la Inquisición de Calahorra, mi hermano quiso hacer de aquella vieja casa su hogar . Pero pronto tuvo que abandonarla pues los gritos ensordecedores del brujo le despertaban cada noche helándole la sangre.

Aún hoy, si observa detenidamente el cielo, descubrirá la silueta del Brujo de Bargota, sobrevolando el pueblo de Viana...

Leyenda de Eunate-Olcoz, Narrada por un maestro cantero.

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Habiéndome sido encargada la talla del pórtico de Santa María de Eunate, me sentía pletórico y halagado. Decidí recluirme para sentir la inspiración divina y así poder realizar una obra maestra, pero al volver, hallé que un gigante cantero dotado de poderes sobrenaturales, que ya había concluido el trabajo que me había sido encomendado.

Indignado, me dirigí al Abad, quien haciendo caso omiso a mis explicaciones, me dio a entender que mi ausencia había sido considerada como una falta de respeto hacia los monjes y hacia él mismo. Como castigo, me mandó esculpir una obra pareja, que debería finalizar en el mismo plazo empleado por el gigante cantero: ni más ni menos que tres días.

Desesperado ante la magnitud de la encomienda, me adentré en el bosque decidido a invocar al diablo. Sin embargo, fue la bruja Laminak quien, compadeciéndose de mí, me confió el secreto mágico que resolvería mi problema.

Siguiendo sus consejos, me hice con la piedra de Luna que una gran serpiente guardaba en su boca, pues me informó que la depositaría en la orilla del río la noche de San Juan.

Con la luz de la luna reflejada en la piedra, el cáliz y el agua del Nequeas, ví sorprendido como se obraba el milagro. No obstante, algo falló y la portada surgió invertida, como reflejada en un espejo. El pueblo quedó maravillado y el gigante cantero, invadido por la ira, pegó tal patada a mi obra, que ésta fue a parar a una población cercana.

Quienes no puedan resistir su curiosidad, deben saber que pueden admirar hoy mi obra en la iglesia de Olcoz, y la misma portada pero opuesta, en la iglesia de Santa María de Eunate.

 

Leyenda de Sigurd

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El viajero que se detiene frente a la portada de Santa María la Real de Sangüesa, encuentra diversas esculturas que relatan la leyenda nórdica de Sigurd, que sin duda llaman su atención. Yo, el cantero anónimo que tuve la destreza de tallarlas voy a explicarles su origen y su sentido.

Odín había encargado a los gigantes la construcción de un puente que comunicara el Valhalla con la tierra y ellos, a cambio, pidieron que se les entregara a Freya, símbolo de la fecundidad y la belleza, e hija predilecta de los dioses.

Para no pagar tan alto precio los dioses negociaron duramente y consiguieron que los gigantes exigieran en su lugar el legendario tesoro que los enanos nibelungos habían extraído a lo largo de generaciones de las aguas auríferas del Rhin. Una vez concluida la obra y cumplida su voluntad, los gigantes introdujeron el tesoro en una caverna bajo la custodia del sanguinario dragón Fafner.

Mime, uno de los más sabios entre los enanos, supo de la muerte del rey Sigmundo, héroe de los voslungos, y consiguió ser maestro de su pequeño huérfano Sigurd, a quien educó para la lucha.

Cuando éste fue ya un joven fornido, le entregó los fragmentos de la espada de su padre, la mágica Gram, y le impuso como primera misión y prueba iniciática, la muerte del dragón Fafner.

El joven héroe fraguó de nuevo la espada con la ayuda del herrero-mago Regín, quien enseñó al mozo algunos de los secretos para la lucha con los dragones. Y de tal modo, Sigurd hirió a Fafner en el cuello a la primera acometida, cayendo por la violencia del choque algunas gotas de sangre del dragón en su boca. Esto hizo que, de pronto, el héroe comprendiera el lenguaje de las aves que le revelaron que si se bañaba en la sangre del reptil se haría invulnerable. Asimismo le confesaron la existencia del tesoro que hasta entonces se le había ocultado por los enanos y la intención de Mime de hacerle matar a su regreso.

Sigurd se sumergió, naturalmente, en la sangre del dragón, pero durante el baño, la hoja de un tilo otoñal cayó en su espalda, dejando un espacio vulnerable que sería decisivo en el transcurso de la leyenda. Después de matar a Mime, el héroe buscó a Regín y cumplió el precio que el herrero le había solicitado a cambio de su trabajo, el corazón de Fafner.

Y así comenzó la historia de sus aventuras que, mucho más tarde, las óperas de Wagner harían tan populares.


Brujas de Zugarramurdi

Es el nombre con el que se conoce el caso más famoso de la historia de la brujería vasca y posiblemente de la brujería en España. El foco de brujería se encontró en la localidad del Pirineonavarro de Zugarramurdi y el proceso fue llevado por el tribunal de la Inquisición española de Logroño. En el auto de fe celebrado en esa ciudad los días 7 y 8 de noviembre de 1610 dieciocho personas fueron reconciliadas porque confesaron sus culpas y apelaron a la misericordia del tribunal, pero las seis que se resistieron fueron quemadas vivas y cinco en efigie porque ya habían muerto.

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La persecución de las brujas del Labort, en el País Vasco francés, fue obra del juez del parlement de BurdeosPierre de Lancre, comisionado por el rey Enrique IV de Francia en respuesta a la petición hecha por los señores D'Amou y D'Uturbie para que acabara con la "plaga" de brujos y de brujas que según ellos asolaba el país. Conocemos la actuación de De Lance gracias a dos libros que publicó después y que tuvieron un enorme éxito: Tableau de l'inconstance des mauvais anges et demons (1612) y L'incrédulité et mescréance du sortilege plainement convaincue (1622).

La llegada de Lancre y de sus subalternos al Labort provocó el pánico y muchas familias se dirigieron a Navarra agolpándose en la frontera. En sus dos libros Lancre cuenta lo que creyó averiguar: que se celebraban cualquier día de la semana e incluso de día juntas de brujos y brujas, a las que llaman lane de Aquelarre, en las que se adoraba al macho cabrío, aunque el demonio podía adoptar otras formas –en el Tableau aparecía una lámina de un aquelarre que causó un gran impacto, y que fue arrancada de muchos ejemplares del libro-; que los desastres que acaecían en Labort, como las grandes tormentas que provocaban naufragios, eran obra de las brujas; que los brujos y brujas usaban ungüentos para poder acudir volando al aquelarre, transformarse en bestias o producir otros prodigios y efectos maléficos; que se celebraban misas negras en las que se consagran hostias negras y cultos satánicos, copiados de los cristianos y a veces oficiados por sacerdotes sacrílegos (lo que provocó que Lancre ordenara la detención y tortura de varios clérigos de la zona, sin más prueba que los testimonios de ciertos "testigos", como el de un sacerdote muy anciano y trastornado que confesó que había dado culto al diablo, y que sería ajusticiado por ello "para servir de ejemplo" –algunos de los sacerdotes encarcelados lograron escapar antes de ser ejecutados)

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Lo que creyó averiguar De Lancre lo obtuvo de declaraciones de niños, de viejos y de adultos sometidos a tortura. Además tuvo que valerse de traductores pues no comprendía el euskera, y como ha señalado Caro Baroja, "a veces transcribe mal los nombres" y de algunas palabras en vasco "parece no haber entendido el significado en una declaración amplia". Así es como De Lancre llegó a la conclusión de que en Labort había más de tres mil personas que llevaban la marca de la brujería.

Pierre de Lancre mandó quemar a 80 supuestas brujas y el pánico se trasladó a los valles del norte de Navarra. Precisamente el núcleo fundamental del nuevo brote de brujería se situó en la zona colindante con el país de Labort, en el noroeste de Navarra, más concretamente en Zugarramurdi.

 

Los Agotes

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Agotes es el nombre dado a un grupo social minoritario, ya desaparecido, de las áreas apartadas de los valles de Baztán y Roncal en Navarra (España), el País Vasco Francés y algunos municipios de Aragón. Eran artesanos que trabajaban la piedra y la madera, posteriormente también el hierro. Durante casi ocho siglos fueron víctimas de discriminación socioeconómica. Se conoce su existencia a partir del medievo.

En la zona vascofrancesa los agotes eran llamados cagots. Muchos han supuesto que la etimología de la palabra agote derivaría de gótico o godo , a través del occitano o catalán ca got, «perro godo». Menos probable es que la etimología se remonte a los bagaudas.

Origen:Los agotes no constituían un grupo étnico ni religioso diferenciado. Su lengua y fe eran las de la población de la zona en que se hallaban, por lo que su condición de minoría social era exclusivamente fruto de la marginación. Autores antiguos y modernos han especulado mucho en torno a la raíz histórica de esta discriminación. Sin embargo, hoy sigue siendo un misterio.

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La población no agote les atribuía diversos orígenes "perversos" que no pretendían explicar sino más bien justificar la discriminación: supuesta maldición bíblica, descendientes de paganos celtas o de herejes, etc. Partiendo del nombre, "agotes", algunos autores dieron credibilidad a la teoría de un origen godo, quizá desertores de algún ejército refugiados en los valles vasconavarros, donde serían mal recibidos por la población autóctona y se iniciaría así un prejuicio alimentado por la leyenda.

Otros han afirmado que serían descendientes de criminales llegados de Francia que, para escapar a la justicia, se ocultaron en lazaretos antes de cruzar la frontera. De ahí habría surgido la idea de que transmitían la lepra, una de las acusaciones más habituales. También se ha relacionado el origen de los agotes con grupos de cátaros huidos de Occitania y rechazados por su condición herética. Otros creen que la discriminación de los agotes procedería del rechazo a descendientes de invasores musulmanes asentados en España y Francia. Esta última teoría goza de especial apoyo en Francia.

Historiadores más recientes han formulado una hipótesis que los vincularía a gremios medievales de artesanos y trabajadores de la piedra caídos en desgracia, en la época de apogeo de estos oficios durante la construcción del Camino de Santiago. Ello podría explicar la localización geográfica de este grupo y las fuertes restricciones comerciales que sufrían a uno y otro lado de la frontera.

Marginación: Acusados durante siglos de mantener prácticas religiosas paganas fueron segregados y tratados como «raza inferior» y «herética». Se les impedía contraer matrimonio con el resto de la población, forzándoles a una cierta endogamia la cual, a su vez, reforzaba el rechazo social. Los agotes eran obligados a vivir fuera de los núcleos habitados, a vestir un ropaje para ser identificados como tales y a llevar en sus prendas un signo rojo similar a una huella de pata de oca o pato, similar al que debían portar los llamados «gafos», ya que se creía que los agotes eran «portadores de enfermedades». Se les acusaba particularmente de contagiar la lepra y en muchos lugares estaban obligados a hacer sonar una campanilla a su paso para que los no agotes pudieran apartarse a tiempo.

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Los agotes no podían mezclarse en ningún caso con los no agotes: en las iglesias navarras solían quedar relegados a un hueco bajo el coro, el campanario o la escalera para oír misa, y con frecuencia tenían una entrada específica, a un lado de la principal, más baja y más estrecha. También tenían una pila bautismal diferenciada. Una barrera, generalmente una raya en el suelo (en Arizcun era una verja), les impedía acceder a la parte delantera del templo, cerca del altar. Incluso sus ofrendas eran recogidas y puestas aparte de las del resto de los fieles.

La leyenda les atribuía rasgos físicos distintivos, como no tener lóbulo en la oreja, idea que persistió incluso cierto tiempo después de que desapareciera la marginación, cuando en plena era del racismo pseudocientífico y la frenología (siglo XIX) surgió la idea de que eran de origen étnico diferente a la población autóctona de los valles. Así, Pío Baroja dice de ellos en "Las horas solitarias" que tienen:

Cara ancha y juanetuda, esqueleto fuerte, pómulos salientes, distancia bicigomática fuerte, grandes ojos azules o verdes claros, algo oblicuos. Cráneo braquicéfalo, tez blanca, pálida y pelo castaño o rubio; no se parece en nada al vasco clásico. Es un tipo centro-europeo o del norte. Hay viejos de Bozate que parecen retratos de Durero, de aire germánico. También hay otros de cara más alargada y morena que recuerdan al gitano.

Fin de la discriminación:  En 1514 solicitaron y obtuvieron del Papa León X una bula que los relevaba de las restricciones infamantes que se les venía imponiendo en las prácticas del culto. No tuvo, sin embargo, casi efectos prácticos y hubo que esperar a la promulgación en 1819 de leyes que atajaran la marginación. Ese año las Cortes de Navarra derogaron las leyes discriminatorias medievales y luego se intentó la deportación de los agotes desde sus valles hacia una población cercana a Madrid llamada Nuevo Baztán, fundada en 1715 por Juan de Goyeneche, si bien la mayoría de los agotes o permaneció en sus tierras ancestrales o regresó a ellas. La discriminación así como la conciencia misma de la existencia de los agotes se fue diluyendo con el tiempo. El último lugar donde se mantuvieron reminiscencias del prejuicio hasta bien entrado el siglo XX, según el testimonio de los pobladores, fue la localidad navarra de Arizcun, en la que existe un barrio llamado Bozate (al que se refiere la cita de Baroja) que originalmente era el gueto reservado a los agotes. Un dicho popular en Bozate era: "Al agote, garrotazo en el cogote".

NavarraOtoño51Nuevo Baztán (Madrid)