Zamora y Toro

ZAMORA Y TORO

SAN PEDRO DE LA NAVE

El templo se remonta a finales del siglo VII, pues debió construirse entre los años 680 y 711, es decir, en los años previos a la conquista musulmana, por lo que puede tratarse de una de las últimas obras del arte visigodo. Originariamente tuvo su emplazamiento a orillas del río Esla, pero al construirse el embalse de Ricobayo, hubiera quedado sumergido en sus aguas, por lo que se decidió su traslado piedra a piedra a la actual ubicación. Esta operación se llevó a cabo entre los años 1930 y 1932.

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Exterior:

Fue realizada con sillería arenisca amarilla de talla regular, bien cortada y asentada en hiladas de gran regularidad, muy bien aparejadas sin uso de argamasa. Dispone de contrafuertes únicamente en el tramo 1 de la nave, parcialmente absorbidos por los dos pórticos añadidos en las fachadas norte y sur a la altura del transepto. En la fachada noroeste, unos huecos para vigas de madera y el color de la sillería, muestran indicios de una posible estancia monacal del tipo almacén, granero, etc. que no se ha conservado.

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Interior

Las dos estancias, se comunican con el presbiterio mediante una puerta y un vano en forma de triple arco de medio punto con columnillas, estando iluminadas por dos vanos. Según el autor consultado pudieron tener funciones de celdas eremíticas, capillas, sacristía, aulas, estancias de los monjes, etc.; en la actualidad la del lado del Evangelio contiene la pila bautismal .
La nave central, como suele ser habitual, es más alta y ancha que las laterales y está separada de ellas por
arcos formeros sustentados en recios pilares. En el lado de la Epístola, uno apuntado y otro de medio punto. En la nave del Evangelio, dos arcos de medio punto cegados donde se expone el sepulcro de los Santos Barqueros y otros 2 de herradura en los tramos..

Las cubiertas son abovedadas en medio cañón, pero mientras las del cabecero y las de los recintos laterales se conservan en su original estructura pétrea, las de los tramos occidentales de las naves son de ladrillo volteado sobre los primitivos arranques de sillería. Los arcos son de herradura al modo visigótico. De ellos, los dos torales perpendiculares al eje de la nave principal quedan resaltados de los paramentos y apoyan parcialmente en columnas adosadas a los pilares. El arco frontal del ábside es también de herradura algo más cerrado y descansa sobre columnas adosadas a las jambas del hueco.

En cuanto a la decoración, una de las más sobresalientes de la arquitectura visigoda, pueden apreciarse dos tipos de elementos de distinta concepción y debidos a distinto artífice: un ancho friso, que se corresponde con una hilada de sillares, que muestra una sucesión de círculos con variadas figuras vegetales y animales; y los capiteles de las columnas adosadas. Éstos son de una meritoria labra muy superior a la de otras obras antecedentes. Exhiben escenas historiadas extraídas de la literatura bíblica, como Daniel en el foso de los leones o El sacrificio de Isaac. Sus cimacios van decorados por medio de roleos en cuyo interior aparecen figuras de animales e incluso humanas.

En el interior de la iglesia existe además un horologio en forma tabular que se puede hallar inscrito en la piedra de los sillares de la parte izquierda inmediatos al arco toral. Este reloj está incompleto, pero forma parte de una de las joyas que pueden verse en la Iglesia.

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Marcas de cantería

Modificaciones

Bien por modificaciones o derrumbes, se realizaron diversos cambios a la estructura original:

  • Periodo visigótico: ábside, presbiterio, aulas, cubículos, dormitorios       monjes, sacristías.
  • Periodos románico y gótico: Pórticos Norte y Sur, Naves y Pórtico Oeste.
  • Fachada noroeste: existen indicios (apoyos de vigas y color de la sillería) de la existencia de un espacio conventual, posible almacén.

ACEÑAS DE OLIVARES (Zamora)

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Las Aceñas de Olivares son un grupo de este tipo de molinos ubicado sobre el cauce del río Duero, en la ciudad de Zamora. Constituyen uno de los cinco conjuntos de aceñas que todavía subsisten en la ciudad, si bien todos ya fuera de uso productivo desde comienzos del siglo XX, junto con las de Pinilla, Cabañales, Gijón y Los Pisones.

Han sido rehabilitadas y consolidadas para instalar en ellas el Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua. El proyecto, , estuvo a cargo de los arquitectos Francisco Somoza y Pedro Lucas del Teso, que recibieron por él una mención especial en los premios "Hispania Nostra" en el año 2008.

 

Durante la Edad Media era muy habitual la existencia de numerosas aceñas ubicadas en las riberas de los ríos zamoranos, aprovechando la fuerza motriz de las corrientes. Su edificación era un problema arquitectónico poco evidente con la tecnología constructiva de la época. En aquel tiempo su posesión suponía una relación de poder de una comunidad dada. La documentación antigua existente sobre la descripción de estos ingenios mecánicos asigna la denominación "aceña" a los mecanismos que funcionan en ríos con gran caudal, mientras que se reserva la denominación "molino" a aquellos ubicados en cauces de menor caudal. Es por esta razón que la denominación aceña es correcta al mencionar los de Zamora a orillas del Duero.

Las Aceñas de Olivares toman su nombre del lugar de su construcción, el antiguo Arrabal de Olivares. La primera referencia escrita que se tiene de ellas es del año 986, y alcanzaron su máximo apogeo en el siglo XIII.

 Las aceñas no eran propiedad de una sola persona. Su construcción, mantenimiento y su producción de harina de trigo eran responsabilidad de una comunidad. Por regla general se trataba de comunidades religiosas, que se encargaban de proporcionar las denominadas divisas o veces a los arrendatarios. En este caso concreto el propietario era el Cabildo Catedralicio, que poseía asimismo las de Pinilla (éstas últimas también conocidas precisamente como Aceñas del Cabildo). Las propiedades de las aceñas son concedidas a las órdenes religiosas por el rey. Esta situación va cambiando a medida que evolucionan los siglos.

 

ZAMORA

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Sobresale su conjunto de edificios románicos, formado por los 23 templos del término municipal y las 14 iglesias del casco histórico, datos que sitúan a Zamora como la ciudad de mayor número y calidad de templos románicos de Europa, habiéndose solicitado su declaración como Patrimonio Europeo. Este patrimonio románico consta, además de la Catedral (que presenta un cimborrio con decoración exterior de escamas), de otras veinticuatro iglesias, un castillo, murallas, un puente, dos palacios y nueve casas, razón por la cual Zamora está considerada "la ciudad del Románico". Un total de quince templos están declarados Bien de Interés Cultural, incluidos algunos de estilos posteriores. Por otro lado, es asimismo significativo su conjunto de edificios modernistas (diecinueve en total), el único de la España interior junto con el de Teruel. Entre sus festividades sobresale la celebración de la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional.

Toponimia

Aún hoy en día no hay unanimidad entre los filólogos sobre el origen del topónimo que da nombre a la ciudad de Zamora. Para unos, su primera denominación sería romana, siendo citada en el Itinerario de Antonino con el nombre Ocellum Duri (Los Ojos del Duero), del que, por una especie de acrónimo (ce-m-uri), resultaría el nombre actual. Su origen, por tanto, se vincula con las clásicas mansiones que flanqueaban las calzadas romanas de la época, en este caso la Vía de la Plata. En 569, en plena época visigoda, aparece citado el enclave con el nombre de Semure, pasando a denominarse Azemur (olivar silvestre) o سمورة Samura durante la dominación musulmana. Después de la Reconquista, en torno al año 754, por parte del rey Alfonso I de Asturias y tras ser reconstruida y repoblada por el rey Fernando I de León (1010-1065) en el siglo XI, pasa a denominarse Zamora

Historia

Edad Antigua

La ciudad fue fundada a inicios de la Edad del Bronce, siendo posteriormente ocupada durante la Edad de Hierro por el pueblo celta de los vacceos, que la denominaron Ocalam. El asentamiento inicial se produjo en la almendra delimitada por el Castillo y la costanilla de San Ildefonso, un emplazamiento estratégico al tratarse de una meseta rocosa defendida por el río Duero, en la que se ubicó un castro.

El poblamiento se mantuvo durante el Imperio romano. De hecho, con frecuencia se la ha identificado con la importante mansio y civitas de "Ocelo Durii" (Ojo del Duero). Según algunos tal población correspondería en realidad con la actual Villalazán, doce kilómetros al este, también a orillas del Duero, y por la que transcurría la Vía de la Plata.

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            Estatua de Viriato, de Eduardo Barrón

 

Según otros estudiosos en cambio, sí que se asentaría en Zamora capital. A pesar de que hasta ahora no hayan aparecido en la ciudad restos arqueológicos de entidad correspondientes a este periodo (lo que no descarta posibles sorpresas futuras si se hicieran más excavaciones, como ocurrió recientemente con el destacado yacimiento de cerámica musulmana hallado en el solar en el que se está construyendo el Consejo Consultivo de Castilla y León), la toponimia sería un argumento en favor de la capital zamorana, ya que "Okelo Duri" originalmente significaba peñasco prominente (las Peñas de Santa Marta) y por otra parte en la orilla opuesta del río se sitúa el barrio de San Frontis, nombre de origen romano, "sub frontis pontis", por debajo del puente. Precisamente a esa altura del cauce estuvo en pie hasta 1310 el Puente Viejo o de Olivares, del que aún existen algunos restos visibles. Además existe un mapa tardorromano en el que aparece el término "Okelo Duri" que se correspondería con Zamora. A esta época corresponde Viriato, el "terror romanorum", que celebraba sus victorias sobre los romanos (ocho en total) arrancando un jirón de sus rojos estandartes y poniéndolo en su lanza, lo cual es precisamente el origen de la bandera de la ciudad la "Seña Bermeja". Se le considera nacido en Torrefrades, pueblo de la comarca de Sayago, aunque otros sitúan su origen en Portugal (Monte Herminius, en la Sierra de la Estrella) o incluso en la provincia de Huelva.

La primera referencia documental que se tiene de la ciudad aparece en el Parrochiale Suevum del año 569, en las que se la cita con el nombre de "Senimure", incluida en la diócesis de Asturica, perteneciente al Reino Suevo. Así aparece también en unas acuñaciones de monedas de Sisebuto en el siglo posterior. Los nombres árabes de la ciudad fueron "Azemur" (olivar silvestre) y "Semurah" (ciudad de las turquesas). El nombre actual parece proceder de una de estas dos últimas etapas, y es citado como tal en el Salmanticense como "una de las plazas recobradas por Alfonso I a los moros".

Edad Media

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Jarro de cerámica hispano-musulmana. Cerámica bruñida, siglos VIII - IX

El periodo comprendido entre los siglos X y XIII es el de mayor relevancia de Zamora dentro del contexto hispánico. La Batalla de Simancas (939) dio a los cristianos el control de los valles del Duero y del Tormes, convirtiéndose la capital zamorana (por su posición y su ventajoso emplazamiento, en lo alto de una meseta rocosa al borde del río) en una de las principales plazas fuertes que aseguraban la frontera. Su importancia fue decayendo sin embargo a partir de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), que abrió el sur peninsular a los reinos cristianos, perdiendo con ello Zamora su trascendencia estratégica.

Durante la Edad Media, Zamora volvió a ser tomada y destruida por los musulmanes al mando del emir Mohamed y después reconquistada por los cristianos en el reinado de rey Alfonso II de Asturias, el Casto, siendo de nuevo fortificada. El rey Alfonso III de Asturias, el Magno la repobló con mozárabestoledanos en 893, rodeándola de murallas y dotándola incluso de palacios y baños, convirtiéndose, por su emplazamiento y características, en la ciudad fortaleza más importante de los reinos cristianos. Zamora fue descrita por los cronistas árabes, como “la capital de reino de Galicia, rodeada de siete recintos amurallados y grandes fosos”. Fue una de las plazas más importantes del Reino de León, del que formó parte. Además inició la etapa de mayor esplendor político, económico y arquitectónico. El paulatino desplazamiento de la frontera hacia el sur, del Duero al Tormes, favoreció este progreso, sólo quebrado por las aceifas de Almanzor. Muhammad ibn 'Abd-Allah ibn Abū 'Āmir (en árabe أبو عامر محمد بن عبد), llamado Al-Mansūr (المنصور) (españolizado Almanzor), el Victorioso, lanzó en 981 un primer ataque contra la ciudad, que fue arrasada. En 986 rompió hostilidades con el rey Bermudo II, atacando Coímbra al año siguiente (dejándola de tal manera que durante siete años estuvo desierta) y dirigiéndose contra el propio León en 988, destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Bermudo se refugió en Zamora pero nada pudo contener el avance enemigo. León, después de resistir cuatro días, fue asaltado, saqueado, incendiado y sus murallas destruidas, Zamora capituló y Bermudo hubo de huir a Galicia. En 997 Zamora volvió a sufrir la acción del musulmán, pues en su camino hacia Santiago de Compostela arrasó de nuevo la ciudad, además de León y Astorga.

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"Zamora la bien cercada" la llamó Fernando I de León y Castilla, el Magno. Este monarca la reconstruyó en 1055, la repobló con montañeses y amuralló nuevamente, para cedérsela luego a su hija Doña Urraca. Su posición privilegiada la hizo objeto de disputa entre los divididos reinos cristianos. Durante uno de los cercos a la ciudad sucedió un hecho notable que se perpetuó en el romancero español: la muerte por sorpresa, a manos del noble zamorano Vellido Dolfos, del rey Sancho II cuando éste intentaba tomar la ciudad gobernada por su hermana…

ROMANCE XV DEL CABALLERO LEAL ZAMORANO Y DE VELLIDO DOLFOS, QUE SE SALIÓ DE ZAMORA PARA CON FALSEDAD HACERSE VASALLO DEL REY DON SANCHO

  Sobre el muro de Zamora;   vide un caballero erguido;
al real de los castellanos   da con grande grito:

  —¡Guarte, guarte, rey don Sancho,   no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora   un traidor había salido;
Vellido Dolfos se llama,   hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre,   mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho,   y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho,   no digas que no te aviso.

  Gritos dan en el real:   ¡A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos;   gran traición ha cometido!

  Desque le tuviera muerto,   metióse por un postigo,
por las calle de Zamora   va dando voces y gritos:
  —¡Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido!                    
Anónimo

 

La posibilidad de que el inductor hubiera sido el principal beneficiado (el rey Alfonso VI, quien había sido encarcelado por Sancho II, su hermano), es la que, según los cantares de gesta, habría provocado que uno de los nobles castellanos presentes en el asedio, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, le hiciera jurar no haber participado en la muerte de su hermano (la jura de Santa Gadea, Burgos). Tanto el arrojo de Vellido como el atrevimiento de Rodrigo han pasado a ser tópicos literarios y hasta coloquiales, así como la bravura de la ciudad durante el asedio, inmortalizada en el dicho No se ganó Zamora en una hora. En el lugar en el que, según la tradición, fue asesinado el soberano Sancho II por Bellido Dolfos, se encuentra situado un tosco monumento rematado en cruz y denominado Cruz del Rey Don Sancho.

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“¡Dios, qué bon vasallo, si oviera bon señor!”

 

Al pie de las murallas de Zamora
Lloré sobre el cadáver de un hermano,
De un amigo, de un Rey, que por la mano
De Bellido murió, mano traidora.

En aquella sangrienta y triste aurora
Ya el rumor apuntaba, no a la mano
Que esgrimió el arma, sino al soberano
De fratricida voz conspiradora.

Y en Burgos, sobre el ara del altar,
Como proclamación de su inocencia,
Al Rey Alfonso lo obligué a jurar.

Tomó mi rectitud por insolencia,
Me arrojó de Castilla, fui a luchar,
Y un día le dí el Reino de Valencia
.

 

Otro hito en la historia de la ciudad fue la conferencia de paz entre el rey Alfonso VII de León y Castilla y Afonso Henriques, rey de Portugal. Como resultado, el 5 de octubre de 1143 fue reconocida la independencia del nuevo reino, que quedó reflejada en el Tratado de Zamora, que marca de manera oficial el nacimiento de Portugal como estado independiente. Alfonso VII reconoció como monarca a Afonso Henriques por su deseo de ser emperador y necesitar, por tanto, reyes que fueran sus vasallos, aunque una vez logrado el reconocimiento, el portugués siguió una línea de completa autonomía.

La importancia de Zamora entre las ciudades de la Corona de Castilla en la Baja Edad Media quedó manifestada por su voto en las Cortes de Castilla, condición que sólo disfrutaban diecisiete (a las que posteriormente se añadió Granada). La extensión de la representación de los procuradores zamoranos era extraordinaria, pues incluía el territorio gallego, en el que ninguna ciudad tenía voto.

Edad Moderna

Después de su apogeo en el siglo XII y conforme se desplazaba hacia el sur la frontera de la reconquista de la península por los reyes cristianos, Zamora fue perdiendo importancia estratégica y económica. Después del descubrimiento de América, muchos zamoranos se vieron obligados por la pobreza económica de la zona a emigrar al continente, especialmente a América del Sur donde se han fundado muchas otras ciudades con su mismo nombre.

Edad Contemporánea

A lo largo del siglo XVIII la ciudad vivió una fuerte recuperación, que se vio favorecida por la protección de que gozó por parte de la Corona, proceso que se vio interrumpido abruptamente por la invasión napoleónica. Durante la Guerra de la Independencia Zamora se levantó en armas al dar comienzo el año 1809 frente a las tropas francesas de Lapisse, Maupetit y Soulignac. Los zamoranos salieron a su encuentro al puente de Villagodio, sobre el río Valderaduey, a tres kilómetros de la ciudad, donde trabaron con los franceses una sangrienta y desigual pelea que duró tanto como la luz del día; viéndose al fin en la necesidad de retirarse cerca del anochecer ante su situación de inferioridad manifiesta, tras contar con la pérdida de ciento treinta zamoranos muertos y doble número de heridos, no sin antes haber causado bastantes bajas en la filas enemigas. La temeraria hazaña es recordada mediante un obelisco conmemorativo, en el que figura la siguiente leyenda: “Los zamoranos de 1908 dedican esta inscripción a los héroes del 6 de enero de 1809. Este monumento fue erigido en 1819”. La ocupación duró tres años, hasta 1812, y provocó además graves pérdidas al patrimonio artístico de la ciudad.

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Los años que siguieron a la liberación fueron un periodo de decadencia y aislamiento. Las manufacturas estaban prácticamente limitadas a actividades meramente artesanales, siendo la industria propiamente dicha muy escasa. El comercio además era deficitario, vendiéndose al exterior tan solo cereales y vino. El traslado de la Capitanía General a Valladolid agravó aun más la situación, con el resultado de que en 1850 la población era de únicamente 9.000 habitantes. La Desamortización supuso una convulsión que tuvo repercursiones en los campos de la economía, el urbanismo y el patrimonio artístico. A ese fenómeno se unió el abandono de la ciudad por parte de la nobleza.

En la segunda mitad del XIX Zamora empieza a vivir un resurgir económico, que se acentúa en el final del siglo y el principio del XX, estimulado por una cierta industrialización, la llegada del ferrocarril en 1864, la electrificación, el desarrollo de la agricultura, en el que jugaron un importante papel los Círculos Agrícolas, la expansión del comercio y la construcción de nuevas carreteras así como de embalses en la provincia (los Saltos del Esla, especialmente).

 

Personajes Ilustres Monarcas y Nobles

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Doña Urraca, reina de Zamora. Primogénita de Fernando I, rey de León y conde de Castilla, heredó la plaza de Zamora a la muerte de su padre, con título real, al igual que su hermana Doña Elvira fue reina de Toro. Tras declarar la guerra su hermano Sancho II a sus otros dos hermanos varones, Alfonso y García, Urraca se enfrentó a él y se hizo fuerte en la ciudad, que quedó sitiada desde el 4 de marzo hasta el 6 de octubre de 1072, en que el rey murió a manos de Vellido Dolfos.

                                         ¡… NO SE GANÓ ZAMORA EN UNA HORA…¡

 

Alfonso IX de León (1171-1230). Rey nacido en Zamora. Hijo de Fernando II y la reina Urraca de Portugal. Reconquistó Cáceres, Mérida, Badajoz y Montánchez. Precisamente el puente que aparece en la segunda partición del escudo de la ciudad alude a la toma de la capital de la antigua provincia romana de la Lusitania, en la cual tomaron parte muchos zamoranos. Fue así mismo el fundador, en 1208, de La Coruña, a la que otorgó una Carta de Población basada en la que en 1167 había concedido su padre Fernando II a Benavente. Creó además, en 1218, el Estudio General de Salamanca, que en 1254 se convertiría en la actual Universidad.

Juan II de Castilla: Rey de Castilla y León y padre de Isabel I La Católica y de Enrique IV, nacido en Toro.

Viriato: El caudillo lusitano Viriato es considerado un héroe local. Los zamoranos acreditan su nacimiento en sus tierras, concretamente cerca de Torrefrades (Sayago). Según L. García Moreno, posiblemente Viriato fuese de una zona mucho más al sur de la península, debido a que sus batallas, ocurridas hacia el sur de la actual Portugal y la Sierra de Huelva, eran ganadas gracias a un alto conocimiento de la zona, lo que hace pensar que fuese nativo de allí. Vellido Dolfos, considerado por algunos un héroe,202 asesinó al rey Sancho II de Castilla a las puertas de Zamora cuando dicho rey, desobeciendo el último deseo de su padre, atacó a sus hermanos.

Diego de Losada: Diego de Losada fue un Conquistador español, nacido en Rionegro del Puente (Zamora). Fue hijo de Catalina de Osorio y de Álvaro Pérez de Losada (Señor de Rionegro). Desde 1526 pasó a servir en el palacio de Alonso de Pimentel, Conde de Benavente.

Conde-Duque de Olivares: Gaspar de Guzmán y Pimentel (Roma, 6 de enero de 1587 - Toro 22 de julio de 1645), noble y político español, III conde de Olivares, I duque de Sanlúcar la Mayor, I Marqués de Heliche y I Conde de Arzarcóllar, conocido como el Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV. Acusado de insurrecto, y desterrado por fracaso político y militar a la ciudad de Toro en 1643; finalmente fue procesado en esa ciudad por el tribunal de la Inquisición y murió en 1645.

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Rodrigo Díaz de Vivar: La relación del Cid con Zamora no se limita a su participación en el Cerco, ya que además se crio en la ciudad, en la casa de Arias Gonzalo, junto a los hijos de éste, y fue investido caballero por el rey Fernando I de León en la iglesia de Santiago de los Caballeros, alrededor del año 1060, siendo Doña Urraca su madrina de armas.

Arias Gonzalo: Un cuarto personaje relacionado con el Cerco es el zamorano Conde Arias Gonzalo. En su casa, situada enfrente de la Catedral, y que aún se conserva, se crio el propio Rodrigo Díaz de Vivar. Fue además preceptor de Doña Urraca de Zamora y albacea del padre de ésta, el rey Fernando I de León y Castilla. Tras la muerte de Sancho II de Castilla durante el Cerco, a las puertas de Zamora, de la que el propio Arias Gonzalo era entonces gobernador; y el reto del capitán Diego Ordóñez a la ciudad, el ya anciano Arias será el primero en defender la honra de Zamora. Al no permitirle luchar Doña Urraca, envió uno tras otro a sus cuatro hijos en duelo, todos los cuales murieron en combate frente a Ordóñez en el Campo de la Verdad, pero con su sacrificio consiguieron salvar el honor de la ciudad.

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LEYENDAS DE ZAMORA

LA PLAZA DE LA HIERBA

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Corría el año 1531 cuando en la iglesia de Santa María, la hermandad de los Hijosdalgos celebraba su reunión habitual. 

 

Saltándose el protocolo y la sesión del día, Diego de Mazariegos, un joven inconsciente y atrevido, comenzó a mercadear con sus bueyes y vacas. Al ser reprendido por uno de los consorcios ya anciano, don Diego, haciendo alarde de su mayor linaje y nobleza, le cogió el bastón y se lió a golpes con él. 

 

El anciano Francisco de Monsalve hace llegar una carta a su hijo don Diego de Monsalve, que se encontraba fuera de España, contándole todo lo acontecido. Éste al recibirla promete lavar la deshonra de la que ha sido víctima su padre. 

 

Durante días navega y cabalga, en compañía de varios amigos, hasta que llegan a su residencia en Zamora, situada en lo que es hoy plaza de Sagasta. Es en esta misma plaza en su lado opuesto donde también tiene su residencia don Diego de Mazariegos. 

 

Al llegar a casa se encuentra con la desagradable noticia de la muerte de su padre. Encolerizado escribe una carta a Mazariegos retándole en el Campo de la Verdad. Éste la recibe estando de cacería.

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El Comendador una vez enterado de los hechos y ante el cariz que estaban tomando,  decide detener a Mazariegos hasta que esto se arregle. Pero don Diego, bien informado por familiares y amigos, no se deja atrapar y huye. 

 

En vista de que ese cobarde no da señales de vida, esa misma noche por orden del Comendador, se promulga por toda Zamora un escrito en el que se cuenta lo acaecido. 

 

Los ciudadanos, atemorizados por las consecuencias  que pueden ocasionar las rencillas entre las dos familias, no se atreven a pasar por la plaza donde ambos tienen sus residencias. La hierba y la maleza comenzaron a crecer tanto que la plaza fue llamada popularmente “Plaza de la Hierba”. 

 

Pasan las semanas y el domingo de Ramos, aprovechando que el Justicia Mayor desfila en la procesión, se lee ante todo el pueblo el siguiente comunicado: “Cualquier persona que comunique a Diego de Monsalve el paradero de Diego de Mazariegos recibirá una recompensa de quinientos ducados”.

Diego de Monsalve desesperado por encontrar al villano hace un tunel para alcanzar la casa de los Mazariegos y, a punto de conseguir su objetivo, es avisado por un amigo que su rival está escondido en el convento de San Benito. 

 

Raudo, ensilla el caballo y a todo galope se dirige al convento donde un monje, encubriendo al cobarde, niega que detrás de esos muros se encuentre don Diego. Mientras tanto éste se escapa por una ventana.

 

Mazariegos ante la presión de su perseguidor y del pueblo en general, decide entregarse al Comendador, al que jura arrepentirse ante la tumba de Don Francisco de Monsalve y aceptar el reto de hijo a batirse al amanecer en el Campo de la Verdad. 

 

Despunta el día siguiente y los contendientes se encuentran, cara a cara, ante la sorpresa de Monsalve por ver a su contrincante sin armadura alguna. 

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-  Monsalve: Mucho confiáis en vuestras posibilidades cuando os veo venir sin armadura alguna. 

 

-  Mazariegos: Realmente no vengo a luchar contra vos, sino a pedirte clemencia, y en señal de arrepentimiento a entregarte mi espada. 

 

-  Monsalve: Y yo, Diego de Monsalve, acepto en nombre de mi apellido  tu espada y tus disculpas y a partir de hoy contarás con mi amistad así como con mi espada, si alguien te agraviase en adelante. 

 

Así es como termina esta noble leyenda zamorana tal y como puede recogerse en la tradición.

 

 LA BOA DE LA ERMITA DEL CARMEN

 

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Cuenta la leyenda que, un joven pastor, en su trasiego por el campo, encuentra una boa cría por la que se encariña. Durante mucho tiempo son inseparables compañeros, colmando las largas horas de soledad en el campo. El bastardo acudía a comer al silbido del pastor y éste, correspondiendo a su fiel amiga, la alimentaba con leche recién ordeñada de su rebaño, hasta que un fatídico día recibe la mala noticia de tenerse que incorporar a filas. Con mucha pena, en su obligación de servir al Rey, la tiene que abandonar. 

 

Tras pocos meses, el ahora soldado, siente gran nostalgia y anhelo por su pueblo, la libertad y el aire que le procuraban las largas horas que pasaba en el campo despiertan en él una gran tristeza. Lejos de acomodarse a la nueva situación, irrumpe en su cabeza la idea de convertirse en desertor y escapar de aquella disciplina que lo atrapaba entre las cuatro paredes del cuartel. No madurando mucho la idea, la lleva a cabo sin tener en cuenta las consecuencias. 
Apenas unos días disfruta de la ansiada libertad antes de ser capturado y sometido a un juicio sumarísimo en el que es condenado a pena de muerte.

 

Mientras tanto, en su pueblo, la gente estaba atemorizada porque la boa había crecido tanto que estaba causando estragos en el ganado, sin que nadie fuese capaz de remediar esta situación de caos y terror. El Gobernador, preocupado, tiene constancia de la relación que tenía el ajusticiado con el reptil. En un atisbo de esperanza, propone al joven pastor que en el supuesto de que capture y mate a la alimaña le será conmutada la pena de muerte por libertad absoluta.

 

Es tanto el aprecio que siente el joven por el animal que aún así duda en aceptar el ofrecimiento del Regidor. Por fin, tras mucho meditar y abrumado por el temor de los vecinos accede a la propuesta.

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Con la ayuda de un caldero, un espejo y una lanza el joven pastor, encomendándose a la Virgen de la que era muy devoto, se dispone a dar muerte al reptil. Para ello, pone de cebo el recipiente lleno de leche y, estratégicamente situado, el espejo tras el cual se esconde. La bestia, atraída por el familiar silbido y por el olor del líquido cremoso, se arrastra hasta él. Cuando el joven lo ve oportuno refleja en sus ojos los rayos del sol quedando momentáneamente cegada; aprovechando esa circunstancia, le clava la lanza y da muerte.

 

Apenado por haber matado a quien él con tanto cariño había criado y en agradecimiento a la intersección de la Virgen por salir ileso de tan arriesgada empresa, cedió el cuerpo de la boa a la iglesia del pueblo

 

Esta es la leyenda que se ha trasmitido durante generaciones sobre la historia de la boa de la Ermita del Carmen del Camino, si bien, se cree, de forma más prosaica, que la debió de donar un indiano que la capturó a su paso por las Américas.


TORO

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Los primeros vestigios arqueológicos encontrados, sitúan el origen de Toro en la Edad del Hierro II. Estos restos junto con el verraco de piedra que aún se conserva en la ciudad, permiten suponer la existencia de un castro que algunos autores identifican con la antigua ciudad vaccea de Arbucala, situada en la calzada de Astorga a Mérida y Zaragoza. Este primer asentamiento, posiblemente desapareció con posterioridad y seguramente formó parte del denominado Desierto del Duero que sería repoblado como bastión leonés.

El año 899 es conocido en la historia de Toro como el de la repoblación de la ciudad, basándose directamente en el cronista del rey Alfonso III, el obispo Sampiro. Esta repoblación fue frenética debido al riesgo de perder de nuevo las tierras para el dominio cristiano, por lo que se recurrió a personas consideradas "prescindibles" en otras ciudades.

Durante la Edad Media fue una de las ciudades más prósperas del Reino de León por su producción vitivinícola. Se atribuye a Alfonso IX, rey de León, la siguiente frase: "Tengo un Toro que me da vino y un León que me lo bebe".

En 1476, lo toresanos partidarios de Isabel la Católica acordaron sublevarse contra los portugueses que ocupaban la ciudad. El gobernador Juan de Ulloa, valedor de La Beltraneja, envió a la horca a todos los conjurados, pero ordenó dar garrote vil a Antona García, esposa de Juan de Monroy, en la reja de su misma casa. La reina Católica mandó tras su entrada en Toro dorar esa reja en desagravio.

Toro fue durante cuatro siglos una de las diecisiete villas y ciudades con voto en Cortes, ocupando el lugar duodécimo, inmediatamente después de Zamora y delante de Madrid.

 

La Virgen de la Mosca    --    En la sacristía de la Colegiata de Toro:

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 La Virgen de la Mosca es un pequeño y maravilloso cuadro que se encuentra expuesto en la sacristía de la siempre sorprendente Colegiata de Toro, en la provincia de Zamora.

Se trata de una auténtica obra maestra pintada en la segunda mitad del siglo XV y cuya autoría, siempre discutible, se le asigna al pintor flamenco Michiel Sithium. Hay una cierta base en esta asignación de autoría en el inventario de la pinacoteca de Margarita de Austria, hija de Carlos V, y como tal nieta,, de la reina Isabel I de Castilla, en la que se cita textualmente:

 

..."Una tablita de la Reina Doña Isabel hecha por el maestro Michiel"....

 

Este cuadro tiene dos aspectos que interesan:

 

1º La rubia y bella joven sentada al lado de la Virgen, con un libro abierto en su regazo, es una imagen precisa de la joven reina Isabel I de Castilla. Esta afirmación tiene en el mismo cuadro un par de argumentos firmes. Por un lado la corona en la cabeza de la reina, y otra aún más importante, la espada desnuda a sus pies, recordando su sorprendente proclamación como reina de Castilla en Segovia, en 1474, a la muerte de su hermano Enrique IV, acto realizado en ausencia de su marido  Fernando de Aragón y en el que la reina se hizo preceder por el noble Gutierre de Cárdenas, portando la espada desnuda como señal inequívoca de autoridad y de que ella, al margen de su marido, era la verdadera reina de Castilla e impartidora de la justicia. El Cronista Diego de Valera describe bien la escena:  ...."Éste llevaba delante de ella - la Reina - una espada desnuda de la vaina".... 

 

2º La mosca pintada, con una claridad y viveza extraordinarias, en el manto de la Virgen. A este respecto existe la leyenda basada en las distintas autorías del cuadro. A parte de atribuir el mismo al pintor Fernando Gallego, cobra mayor fuerza la autoría de otro pintor flamenco llamado Gerard David. Se cuenta que un joven y desconocido discípulo del maestro Michiel repintó en el manto de la Virgen la famosa mosca, dejando de esta manera la firma "secreta y desconocida" de su maestro, al que se llegó a mencionar en su tiempo como la "Mosca".

 

Sea como fuere, el cuadro es una tabla flamenca extraordinaria que se puede ver de cerca, sin ninguna protección, en la sacristía de la Colegiata. Y en esta misma se puede visionar su Pórtico de la Majestad, también llamado de la Gloria, de traza gótica, que al haber estado siempre cubierto mantiene sus pinturas policromadas.

 

Efemérides

Fue la primera ciudad donde se reconoció a Fernando III como Rey de León.

En Toro nació el rey Juan II de Castilla y León.

Se libró la batalla de Toro entre los Reyes Católicos y los partidarios de Juana la Beltraneja, liderados por el rey Alfonso V de Portugal, decisiva para la resolución de una Guerra Civil, y en la que vencieron los primeros.

Fue la ciudad donde se desterró al Conde-Duque de Olivares por el rey Felipe IV (1643), muriendo en esta misma ciudad.

Durante decenas de años, y hasta el siglo XIX, Toro dio nombre a la provincia a la que pertenecía.

El vino

Con la mucha vïanda e vino creçe la flema:
duermes con tu amiga, afógate postema,
liévate el dïablo, en el infierno te quema;
tú dizes al garçón que coma bien e non tema"                            
Arcipreste de Hita

De este vino se habló desde épocas medievales pero de origen prerromano, referenciado en innumerables obras literarias, Góngora, Quevedo, o el Arcipreste de Hita, entre otros.

En el dedo de un doctor, engastado en oro vi, un finísimo rubí,

porque es siempre este color el antídoto mejor contra la melancolía;

yo, por alegrar la mía, un rubí desaté en oro;

el rubí me lo dio Toro, el oro Ciudad Real. ¿Hice mal?                Luis de Góngora

Los privilegios comerciales de Toro han sido innumerables desde los romanos, que se abastecían de tan exquisito elixir y que siglos más tarde facilitó a sus artesanos y por extensión a su ciudad, de privilegios reales. Incluso acompañó a la tripulación del descubrimiento de América y sació la sed de innumerables provincias en las que estaba prohibida toda importación no originaria de la propia tierra.

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Dadas las excepcionales condiciones climatológicas que se prestan en la zona, la variedad Tinta de Toro madura temprano, esto da la oportunidad para que las bodegas elaboren además, vinos por el sistema de maceración carbónica (encubado de racimos enteros), estos vinos fragantes, frescos y aromáticos se empiezan a comercializar a partir del mes de noviembre, dentro del mismo año de la recolección de la uva.

LEYENDA DEL BURRO RABÓN DE TORO

"Se trata de un leñador cuyo borrico venía cargado y a la entrada de la ciudad el pobre animal se le atolló. Por muchos intentos que hacía el pobre leñador no la podía sacar del atolladero. Acertó a pasar por allí uno de los canteros (estamos hablando de los siglos XII-XIII) que estaban ocupados en la construcción de la Colegiata, y se prestó a ayudarle. Se pusieron de acuerdo en que el dueño del animal tiraría de la cabezada y el cantero ayudaría a levantarse la bestia tirándole de la cola. Fue tanto el esfuerzo que ambos hicieron, especialmente el cantero, que el pobre animal se quedó sin rabo. El dueño, viendo desfigurado al animal estimó que el cantero había obrado de mala fe y reclamó daños y perjuicios ante la autoridad competente. La autoridad, oídos los alegatos de ambas partes falló que el cantero entregase al leñador el monto del coste de la caballería y, por el contrario, éste se quedase en posesión de aquella hasta que le creciese el rabo".

Parece ser que uno de los escultores presenció el juicio y quiso plasmar con su cincel la escena del leñador, el burro y el cantero, lo cual, usted, viajero curioso, podrá contemplar como yo la referida escena si se acerca hasta La Colegiata de esta bella ciudad castellana.

San Pedro de la Nave, Zamora y Toro quizás no esté en una ruta clásica de paso y por eso precisamente se nos antoja mucho más interesante, más pura.

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    Los Arribes del Duero

Un paseo por la historia desde Roma al Románico, desde el Mudéjar al Gótico, y sobre todo el caminar de la historia a través del río Duero. Desde los Picos de Urbión en Soria cantados por Antonio Machado, se precipita para cruzar la Meseta Castellana recogiendo hechos históricos en Numancia, en Burgos, en Valladolid, en Zamora… entrando agresivo a través de los Arribes del Duero en tierras portuguesas que cruza con calma y se abre majestuoso hacia el Atlántico regando previamente los viñedos que dan 

nombre al vinho do Porto e impregnando de nuestra historia la mar océana