El Triángulo del Renacimiento

EL TRIÁNGULO DEL RENACIMIENTO

Por Rodrigo García Quismondo

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Hoy no solo hablaremos del Renacimiento, si no de las ciudades que se incluyen en el llamado Triángulo de Renacimiento y que lo componen las poblaciones de Baeza, Sabiote y Úbeda. Hablaremos, eso sí, de arte e historia y además de su entorno social, cultural, humano, agrícola y ganadero y, como no, anecdótico y de leyenda.

Haremos un periplo por estas tres ciudades y su entrono y lo haremos por orden alfabético para no restarle importancia a una ante la otra. Pero antes vamos a hacer una breve descripción del movimiento llamado “Renacimiento”

Renacimiento: Es el nombre dado a un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental en los siglos XV y XVI. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias, tanto naturales como humanas. Italia fue el lugar de nacimiento y desarrollo de este movimiento.

El Renacimiento fue fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El nombre ase utilizó porque este movimiento retomaba ciertos elementos de la cultura clásica. El término se aplicó originariamente como una vuelta a los valores de la cultura grecolatina y a la contemplación libre de la naturaleza tras siglos de predominio de un tipo de mentalidad más rígida y dogmática establecida en la Europa de la Edad Media. Esta nueva etapa planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, con nuevos enfoques en los campos de las artes, la política y las ciencias, sustituyendo el teocentrismo medieval por cierto antropocentrismo.

En este sentido, el historiador y artista Giorgio Vasari (1511-1574) formuló una idea determinante: el nuevo nacimiento del arte antiguo “Rinascitá”, que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo en la actitud espiritual del artista. De hecho, el Renacimiento rompió, conscientemente, con la tradición artística medieval, a la que calificó como un estilo de bárbaros, que más tarde recibirá el calificativo de Gótico. Sin embargo, los cambios tanto estéticos como en cuanto a la mentalidad fueron lentos y graduales.

Desde una perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significó una ruptura con la unidad estilística que hasta ese momento había sido ”supranacional”. Sobre el significado del concepto de Renacimiento y sobre su cronología se ha discutido mucho; generalmente, con el término “humanismo” se indica el proceso innovador, inspirado en la Antigüedad clásica y en la consolidación de la importancia del hombre en la organización de las realidades histórica y natural que se aplicó en los siglos XV y XVI. El Renacimiento no fue un fenómeno unitario desde los puntos de vista cronológico y geográfico.

 Su ámbito se limitó a la cultura europea y a los territorios americanos recién descubiertos, a los que las novedades renacentistas llegaron tardíamente. Su desarrollo coincidió con el inicio de la Edad Moderna, marcada por la consolidación de los Estados europeos, los viajes transoceánicos que pusieron en contacto a Europa y América, la descomposición del feudalismo, el ascenso de la burguesía y la afirmación del capitalismo. Sin embargo, muchos de estos fenómenos rebasan por su magnitud y mayor extensión en el tiempo el ámbito renacentista.

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Hombre de Vitruvio. Dibujo de Leonardo da Vinci ( Expresión del canon estético renacentista)

Desarrollo: Históricamente, el Renacimiento es contemporáneo de la era de los Descubrimientos y las conquistas ultramarinas. Esta era marca el comienzo de la expansión mundial de la cultura europea, con los viajes portugueses y el descubrimiento de América por parte de los españoles, lo cual rompe la concepción medieval del mundo, fundamentalmente teocéntrica. El fenómeno renacentista comienza en el siglo XIV y no antes, aunque al tratarse de un proceso histórico, se elige un momento arbitrariamente para determinar cronológicamente su comienzo, pero lo cierto es que se trata de un proceso que hunde sus raíces en la Baja Edad Media y va tomando forma gradualmente.

El desmembramiento de la cristiandad con el surgimiento de la Reforma protestante, la introducción de la imprenta, entre 1460 y 1480, y la consiguiente difusión de la cultura fueron uno de los motores del cambio. El determinante, sin embargo, de este cambio social y cultural fue el desarrollo económico europeo, con los primeros atisbos del capitalismo mercantil. En este clima cultural de renovación, que paradójicamente buscaba sus modelos en la Antigüedad Clásica, surgió a principios del siglo XV un renacimiento artístico en Italia, de empuje extraordinario, que se extendería de inmediato a otros países de Europa.

El artista tomó conciencia de individuo con valor y personalidad propios, se vio atraído por el saber y comenzó a estudiar los modelos de la antigüedad clásica a la vez que investigaba nuevas técnicas (claroscuro en pintura, por ejemplo). Se desarrollan enormemente las formas de representar la perspectiva y el mundo natural con fidelidad; interesan especialmente en la anatomía humana y las técnicas de construcción arquitectónica. El paradigma de esta nueva actitud es Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista, quien dominó distintas ramas del saber, pero del mismo modo Miguel Ángel Buonarotti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli y Bramante fueron artistas conmovidos por la imagen de la Antigüedad y preocupados por desarrollar nuevas técnicas escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, así como por la música, la poesía y la nueva sensibilidad humanística. Todo esto formó parte del renacimiento en las artes en Italia.

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La Fornarina, pintura de Rafael, expuesta en el Palacio Barberini de Roma. En el Renacimiento se afianza el retrato como género autónomo. Aquí se aprecia además el interés por el desnudo, procedente del arte clásico, dando como resultado una imagen heroica de la dama representada.

Mientras surgía en Florencia el arte del Quattrocento o primer Renacimiento italiano, así llamado por desarrollarse durante los años de 1400 (siglo XV), gracias a la búsqueda de los cánones de belleza de la antigüedad y de las bases científicas del arte, se produjo un fenómeno parecido y simultáneo en Flandes (especialmente en pintura), basado principalmente en la observación de la vida y la naturaleza y muy ligado a la figura de Tomás de Kempis y la devotio moderna”, la búsqueda de la humanidad de Cristo. Este Renacimiento nórdico, conjugado con el italiano, tuvo gran repercusión en la Europa Oriental (la fortaleza moscovita del Kremlin, por ejemplo, fue obra de artistas italianos).

La segunda fase del Renacimiento, o Cinquecento (siglo XVI), se caracterizó por la hegemonía artística de Roma, cuyos papas (Julio II, León X, Clemente VII y Pablo III, algunos de ellos pertenecientes a la familia florentina de los Médici) apoyaron fervorosamente el desarrollo de las artes, así como la investigación de la Antigüedad Clásica. Sin embargo, con las guerras de Italia muchos de estos artistas, o sus seguidores, emigraron y profundizaron la propagación de los principios renacentistas por toda Europa Occidental.

Durante la segunda mitad del siglo XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.

 

Características: De forma genérica se pueden establecer características del Renacimiento en:

  • La vuelta a la Antigüedad. Resurgirán tanto las antiguas formas arquitectónicas, como el orden clásico, la utilización de motivos formales y plásticos antiguos, la incorporación de antiguas creencias, los temas de mitología, de historia, así como la adopción de antiguos elementos simbólicos. Con ello el objetivo no va a ser una copia servil, sino la penetración y el conocimiento de las leyes que sustentan el arte clásico.
  • Surgimiento de una nueva relación con la Naturaleza, que va unida a una concepción ideal y realista de la ciencia. La matemática se va a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar racionalmente su ideal de belleza. La aspiración de acceder a la verdad de la Naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacía el conocimiento de fenómeno casual, sino hacía la penetración de la idea.

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 David de Miguel Ángel. Diseñada y ejecutada para presidir la plaza principal de Florencia, esta escultura es en realidad una estudiada alegoría política bajo la apariencia del tema cristiano. La visión resulta amplificada por las dimensiones colosales de la estatua, pensada para no perderse en el espacio de la plaza. Hoy en día la sustituye una copia, estando el original en la Academia florentina.

 

  • Surgimiento de una nueva relación con la Naturaleza, que va unida a una concepción ideal y realista de la ciencia. La matemática se va a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar racionalmente su ideal de belleza. La aspiración de acceder a la verdad de la Naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacía el conocimiento de fenómeno casual, sino hacía la penetración de la idea.
  •  El Renacimiento hace al hombre medida de todas las cosas. Presupone en el artista una formación científica, que le hace liberarse de actitudes medievales y elevarse al más alto rango social.
  • Los supuestos históricos que permitieron desarrollar el nuevo movimiento se remontan al siglo XIV cuando, con el Humanismo, progresa un ideal individualista de la cultura y un profundo interés por la literatura clásica, que acabaría dirigiendo la atención sobre los restos monumentales y las obras literarias y tratados clásicos.
  • Italia en ese momento está integrada por una serie de estados entre los que destacan Venecia, Florencia, Milán, los Estados Pontificios y Nápoles. La presión que se ejercía desde el exterior impidió que, como en otras naciones, se desarrollara la unión de los reinos o estados; sin embargo, sí se produjo el fortalecimiento de la conciencia cultural de los italianos.
  • Desde estos supuestos fueron las ciudades las que se convierten en centros de renovación artística, científica, y, en último término, de las costumbres e ideas de toda la sociedad.
  • En Florencia, el desarrollo de una rica burguesía ayudó al despliegue de las fuerzas del Renacimiento; la ciudad se convirtió en punto de partida del movimiento, y surgen, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras de arte del nuevo estilo que desde aquí se va a extender al resto de Italia, primero, y después a toda Europa.

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El Nacimiento de Venus, obra de Botticelli, conservada en la Galleria degli Uffizi, Florencia. El paganismo se introduce en el arte renacentista como contrapunto al mundo hermético y cerrado del medievo en el que Dios era el fin de todo. El ser humano en su individualidad y diversidad será a partir de ahora el objeto máximo del interés de los artistas.

Literatura renacentista: La renovación general en el conocimiento que comenzó en Europa tras el descubrimiento del mundo nuevo en 1492 trajo consigo una nueva concepción de la ciencia y la investigación y formas distintas de hacer arte.

Surgió por entonces una forma literaria que luego desembocaría en la novela, que cobró renombre en los siglos posteriores. Una de las más conocidas de esta primera época es la Utopía de Tomás Moro.

Las obras dramáticas de entretenimiento (opuestas al propósito moralizante) volvieron al escenario. William Shakespeare es el dramaturgo más notable, pero hubo muchos más, como Christopher Marlowe, Molière, y Ben Jonson.

Del siglo XVI al XVIII los ejecutantes de la Commedia dell'arte improvisaban en las calles de Italia y de Francia, pero algunas de las obras fueron escritas. Tanto las obras improvisadas como las escritas con base en un esquema tuvieron influencia sobre la literatura de la época, particularmente sobre el trabajo de Molière. Shakespeare y Robert Armin, que retomaron los bufones y jugadores para crear nuevas comedias. Todos los papeles, incluso los femeninos, eran representados por hombres, eso cambiaría primero en Francia y luego en Inglaterra también, hacia fines del siglo XVII.

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Música renacentista:Al no conocerse la música griega o romana con tanta precisión como la arquitectura y la escultura, la música renacentista no se produce como una restauración de lo antiguo. La música de esta época fue una culminación de los estilos anteriores (Ars nova), buscando naturalidad, proporción y armonía entre texto y melodía.

 

Características principales:

  • Unión entre música profana y religiosa.
  • Equilibrio entre las voces.
  • Mayor sentido imitativo en el contrapunto.
  • Progresiva sustitución de voces por instrumentos (se favorece así a la música instrumental, que también acompaña a la danza).
  • Se amplía el campo de acción de la interpretación musical (templos, universidades pero también salones, cortes, etc).
  • El músico adquiere mayor importancia social.

Música vocal religiosa:

  1. Motete: Es una composición de 2, 3 o más voces sobre textos latinos y de extensión breve. El motete se cantaba en Adviento, Cuaresma y en Semana Santa. Su época de mayor importancia fue durante los siglos XII y XIII. En el motete destacan las figuras de Giovanni Pierluigi da Palestrina y de Orlando di Lasso, que serán los músicos más destacados de la época.
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  1. Misa: Se desarrolla sobre los textos litúrgicos de esta celebración: kyrie; gloria; credo; sanctus y Agnus Dei. La misa estaba inspirada en temas del canto llano y profano, excepto en el caso de la Missae sine nomine (misa sin nombre) que no estaba inspirada en ningún tema preexistente.

EL RENACIMIENTO EN ESPAÑA


En España el cambio ideológico no es tan extremo como en otros países; no se rompe abruptamente con la tradición medieval, por ello se habla de un Renacimiento español más original y variado que en el resto de Europa. Así, la literatura acepta las innovaciones italianas (Dante y Petrarca), pero no olvida la poesía del Cancionero y la tradición anterior. Como síntesis del Renacimiento y preludio del Barroco, la literatura contará con la figura capital de Miguel de Cervantes (siglos XVI–XVII).

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Cuando se reconosció el armada del Turco, en la dicha batalla naval, el dicho Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura, y el dicho capitán... y otros muchos amigos suyos le dijeron que, pues estaba enfermo y con calentura, que estuviese quedo abajo en la cámara de la galera; y el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían de él, y que no hacía lo que debía, y que más quería morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta, y que con su salud... Y peleó como valente soldado con los dichos turcos en la dicha batalla en el lugar del esquife, como su capitán lo mandó y le dio orden, con otros soldados. Y acabada la batalla, como el señor don Juan supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado el dicho Miguel de Cervantes, le acrescentó y le dio cuatro ducados más de su paga... De la dicha batalla naval salió herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de que quedó estropeado de la dicha mano.

En cuanto a las artes plásticas, el Renacimiento hispano mezcló elementos importados de Italia (de donde llegaron algunos artistas, como Paolo de San Leocadio, Pietro Torrigiano o Domenico Fancelli) con la tradición local, y con algunos otros influjos (lo flamenco, por ejemplo, estaba muy de moda en la época por las intensas relaciones comerciales y dinásticas que unían estos territorios a España). Las innovaciones renacentistas llegaron a España de forma muy tardía; hasta la década de 1620 no se encuentran ejemplos acabados de las mismas en las manifestaciones artísticas, y tales ejemplos son dispersos y minoritarios. No llegan a España plenamente, pues, los ecos del Quattrocento italiano (sólo por obra de la familia de Borja o Borgia aparecen artistas y obras de esa época en el área levantina), lo que determina que el arte renacentista español pase casi abruptamente del Gótico al Manierismo.

En el campo de la arquitectura, tradicionalmente se distinguen tres periodos: Plateresco (siglo XV-primer cuarto del siglo XVI), Purismo o estilo italianizante (primera mitad del XVI) y estilo Herreriano (a partir de 1559-mediados del siglo siguiente). En el primero de ellos, lo renaciente aparece de forma superficial, en la decoración de las fachadas, mientras que la estructura de los edificios sigue siendo gotizante en la mayoría de los casos. Lo más característico del Plateresco es un tipo de decoración menuda, detallista y abundante, semejante a la labor de los plateros (de donde deriva el nombre). El núcleo fundamental de esta corriente fue la ciudad de Salamanca, cuya Universidad y su fachada son el paradigma del estilo; arquitectos destacados del mismo fueron Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de Álava. El Purismo representa una fase más avanzada de la italianización de la arquitectura. El palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada, obra de Pedro de Machuca, es ejemplo de ello. El foco principal de este estilo se situó en Andalucía, donde además del citado palacio destacaron los núcleos de Úbeda y Baeza y arquitectos como Andrés de Vandelvira y Diego de Siloé.

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Hospital de San Marcos en Santiago de Compostela

Finalmente, aparece el estilo Escurialense o Herreriano, original adaptación del Manierismo romano caracterizada por la desnudez y el gigantismo arquitectónico. La obra fundamental será el palacio-monasterio de El Escorial, trazado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, sin duda la obra más ambiciosa del Renacimiento hispano. Lo escurialense traspasó el umbral cronológico del siglo XVI llegando con gran vigencia a la época barroca.

En escultura, la tradición gótica mantuvo su hegemonía durante buena parte del siglo XVI. Los primeros ecos del nuevo estilo corresponden por lo general a artistas venidos de fuera, como Felipe Vigarny o Domenico Fancelli, que trabajará al servicio de los Reyes Católicos, esculpiendo su sepulcro (1517). No obstante, pronto surgirán artistas locales que asimilan las novedades italianas, adaptándolas al gusto hispano, como Bartolomé Ordóñez y Damián Forment. En una fase más madura del estilo surgen grandes figuras, creadoras de un peculiar Manierismo que sentará las bases de la posterior escultura barroca: Juan de Juni y Alonso Berruguete son los más destacados.

La pintura renacentista española está determinada igualmente por el pulso que mantiene la herencia del Gótico con los nuevos modos venidos de Italia. Esta dicotomía se aprecia en la obra de Pedro Berruguete, que trabajó en Urbino al servicio de Federico de Montefeltro, y Alejo Fernández. Posteriormente aparecen artistas conocedores de las novedades italianas coetáneas, como Vicente Macip o su hijo Juan de Juanes, influidos por Rafael; Luis de Morales, Juan Fernández de Navarrete o los leonardescos Fernando Yáñez y Hernando de los Llanos. Pero la gran figura del Renacimento español, y uno de los pintores más originales de la Historia, se inscribe ya en el Manierismo, aunque rebasando sus límites al crear un universo estilístico propio: El Greco (1541-1614)

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BAEZA

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Historia

Prehistoria:

Se puede hablar de una "prehistoria" relevante en Baeza por los muchos yacimientos arqueológicos que hay catalogados. Aunque hasta la Edad del Cobre, a mediados del III Milenio, no aparecen según los muestreos ciertos grupos humanos de entidad significativa, es cierto que del V Milenio a.C. hay datos de existencia en la zona de grupos epipaleolíticos en lo que respecta a sus hábitos de vida, caracterizados por una supervivencia de cazadores y recolectores. Mil años después acudirán comunidades de más al sur, concretamente de las cuevas y abrigos de Sierra Mágina; se trata de grupos que traen consigo formas neolíticas basadas en la actividad agraria y en ciertos avances técnicos como el pulimento de la piedra y la cerámica. Todo ello ha sido documentado en yacimientos como el de Los Horneros, Los Morales y Toya. En la Edad del Cobre aparecen poblados de cabañas, algunos amurallados, mirando al Guadalquivir, donde las tierras eran más fértiles. Se trata ya de una economía ciertamente diversificada: agricultura, aprovechamientos forestales, ganadería, pesca y caza, con utensilios y herramientas de muchos tipos. En la Edad del Bronce aparecen nuevos poblados; las actividades siguen siendo prácticamente las mismas y a través de los ajuares funerarios se percibe cierta estratificación social. En el Cerro del Alcázar, al sur de la ciudad, existió una de éstas ciudades íberas durante al menos trescientos años. Estaba amurallada y con cabañas intramuros bajo las cuales se llevaban a cabo enterramientos. En dicho cerro se ubicaron sucesivos poblados íberos a partir del siglo IV a. C.

Historia antigua

Las distintas fuentes clásicas, ya sean escritas o epigráficas, mencionan a la Vivatia, cuya relación con dicha cultura se remonta a la época del Imperio, allá por el siglo I a.C. Fue adscrita primero a la Hispania Citerior, pagando tributos pero con leyes propias. En el siglo l de nuestra se incluyó en el Conventus Cartaginensis (Provincia Tarraconense) cuya administración y economía estaban regidas por Cartago Nova y la vecina ciudad capital de Cástulo. Décadas más tarde Vespasiano le otorgaría la categoría de Municipio Flavio, lo que le confería superior rango administrativo sobre las "villae" de la comarca. Es una época en la que Vivatia juega un papel fundamental en las vías de comunicación que dan paso a la plata que iba de las minas de Sierra Morena hacia la costa oriental de la península.

En época posterior, al final del imperio romano Biatia o Beatia, recoge el testigo de capitalidad de la provincia que ostentaba Cástulo, al trasladarse aquí la ceca y el obispado. También se verá afectado el territorio con las oleadas de invasiones bárbaras, en el siglo V, aunque una oligarquía hispano-romana mantendrá su pujanza en la comarca hasta que en el siglo VI la presencia y autoridad visigoda se muestre con más fuerza. La aristocracia goda se funde con la hispanorromana y se hacen con todos los resortes del poder; el campesinado está compuesto en su mayoría por hispanorromanos, la clase social más numerosa, con propietarios libres de tierra, colonos y esclavos, e incluso era ya incipiente un grupo judío dedicado a la empresa y el comercio.

En la Hispania visigoda fue sede episcopal de la iglesia, sufragánea de la Archidiócesis de Toledo que comprendía la antigua provincia romana de Cartaginense en la diócesis de Hispania.

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De hecho, aún se conservan restos visigodos bajo muchos edificios, como parece el caso del arco embutido en uno de los muros de la iglesia románica de Santa Cruz.

Edad Media

Vuelven los cambios con la llegada de los musulmanes, a la que llamaron Bayyasa, en el siglo VIII. El territorio se redistribuye entre hispano-godos, las tribus árabes y los Omeyas; mientras la Iglesia, aunque continúa existiendo, pierde poder económico. Los muladíes (convertidos al islam) y los mozárabes (cristianos que permanecen en Al-Andalus) conformaron estructuras sociales no muy distintas a las previamente existentes.

Tras periodos diversos de crisis que conducen a la caída del Califato, llega la época de los reinos de Taifas durante la cual Bayyasa será sometida por unos y otros. En 1147 es conquistada por Alfonso VII el Emperador con la supuesta ayuda de San Isidoro de Sevilla que se le aparece en sueños mientras la asediaba. Para honrar esta toma se creó en la ciudad capital de León la cofradía del Pendón de Baeza. La ciudad acuñará moneda para el rey leonés bajo el gobierno del gobernador procristiano Abdallaziz.

Diez años después los almohades la reconquistan. Sin embargo, el 16 de julio de 1212, las tropas cristianas comandadas por el castellano Alfonso VIII destruirán el Imperio Almohade casi por completo en la Batalla de las Navas de Tolosa. En unas terceras taifas, Bayyasa se erige en capital de una efímera Taifa de Baeza que comprendía una amplia zona de Jaén y Córdoba. Su "emir" Abd Alláh al-Bayyasi se declaró vasallo de Fernando III, apoyándole en campañas contra otros emires musulmanes. Al-Bayyasi murió asesinado a traición en Almodóvar del Río y el 30 de noviembre de 1227 Fernando III, el Santo, toma posesión definitiva de Baeza en nombre del hijo de aquel, Abd al-Mon, aunque finalmente integra la ciudad en el Reino de Castilla. Los musulmanes expulsados viajan al sur y se establecen en el Albaicín de Granada.

Hasta la reconquista de Jaén en 1246 Baeza es la capital del efímero Reino de Baeza, después transformado en Reino de Jaén. Igualmente también se traslada la titularidad de la diócesis a la nueva capital del reino. En este periodo el nombre de la ciudad fue tomado como apellido.

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Baeza: Monumento a Fernando III el Santo

Fernando III dota a Baeza del Fuero Conquense, con la pretensión de atraer a población de territorios cristianos del norte. Enrique II hace grandes donaciones a sus seguidores en la región y así la oligarquía consolida en ella su poder. A partir de esta época dos poderosas familias, los Benavides y los Carvajales se enfrentan entre sí en lo que se puede denominar "guerra civil baezana", cuyo fin estuvo determinado por la actuación decisiva de Isabel la Católica, que para prevenir nuevas pugnas mandó demoler el imponente Alcázar de la ciudad, sito en el cerro homónimo.

Edad Moderna

En los siglos XV y XVI la economía baezana crece merced a la gran producción cerealísta, de harinas, maderas, azafranes, sedas, vid y olivo; además del peso de la caballería y la ganadería, lo que se proyecta en una gran industria de paños y curtiduría con el consiguiente comercio de estas manufacturas. A mediados del XVI la población de Baeza duplica ya la del siglo anterior y su riqueza agrícola, ganadera, industrial y comercial potencia una pequeña nobleza que quiso proyectar su status social tanto a través de la monumentalidad de sus casonas como de los edificios públicos desde los que regía colectivamente la vida de la ciudad; los mismos que hoy dotan de esplendor y encanto a la misma.

No obstante, durante el siglo XVII se produjo una recesión económica paralela a la del resto de España; todo ello motivado por la descabellada política de los sucesores de Felipe II (Felipe III, Felipe IV, Carlos II...), sobre todo en relación al exterior, por las continuas guerras estériles, tan gravosas para la economía y la población. Sólo decir que de tener excedentes de cereal, se hubo de pasar a la importación de grano, lo que hundió aún más la economía.

Con la llegada del 1700, el nuevo siglo trae también una nueva dinastía, los Borbones, que dieron otro aire al Estado español. Para la Baeza agotada, quizá fue ya demasiado tarde y el punto de inflexión marcado por el s. XVII constituiría a la postre un muro casi insalvable. La propiedad del agro seguiría en porcentaje altísimo en manos de latifundistas y de la Iglesia, mientras apenas había tierra en manos de pequeños propietarios o arrendatarios. Muy grave resultó para la ciudad el terremoto de Lisboa, de 1755, que quebrantó la mayoría de edificios y viviendas.

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   Universidad de Baeza (entrada al claustro)

Edad contemporánea

La infinidad de avatares políticos de la España del XIX, entre ellos el desastre de gravísimas consecuencias de la ocupación francesa, hicieron que Baeza quedará aún más diezmada demográfica y económicamente; sólo en la segunda mitad del siglo se pudo experimentar una recuperación, pero el posterior desarrollo en otras localidades mineras adyacentes a Sierra Morena fueron aspectos que nuevamente repercutieron negativamente en Baeza. La tensión política y social se acentúa a principios del siglo XX y el movimiento obrero da lugar al nacimiento de grupos anarcosindicalistas y socialistas. Después, la dictadura de Primo de Rivera no resultó demasiado beneficiosa para la ciudad que vio como el ferrocarril se frustraba, y la Reforma Agraria promulgada en 1932 por la Segunda República no estuvo acorde con las expectativas creadas.

En la primera etapa del franquismo no hubo ninguna mejora ostensible; la década de los 40 fue durísima en todos los sentidos: una política restrictiva de postguerra y las malas cosechas acentuaron la precariedad de los que han sido llamados "años del hambre". En 1943 la Diputación provincial elige mayoritariamente a su alcalde Francisco Rodríguez de Haro para el cargo de procurador en Cortes en la I Legislatura de las Cortes Españolas (1943-1946), representando a los municipios de esta provincia.8 El "Plan Jaén" fue un fracaso en los años 50 por la falta de interés del régimen, y en los 60 el denominado desarrollismo tampoco fue algo que se dejara notar en Baeza. Por si fuera poco, en estos años la emigración hizo enorme mella en la depauperada demografía baezana, fenómeno extendido en la Andalucía montañosa e interior y enfatizado en toda Jaén.

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  Emigrantes andaluces

El advenimiento de la Democracia de 1978 trae consigo una coyuntura económica algo más propicia: sin dejar de ser una agro-ciudad (al menos el 47 % de la población activa trabaja en el sector agrícola), la industria y el sector servicios de Baeza se ven impulsados por el efecto arrastre del agro centrado en el sector oleícola que conoce un cierto apogeo merced a la política de subvenciones originada por el ingreso de España en las Comunidades Europeas (1986). La calidad de vida en la ciudad conoce así una situación sin precedentes.

SABIOTE

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Historia

La historia de esta villa comienza muy temprano, en la Edad de Bronce, de la cual se han encontrado restos en el paraje llamado "La Cobatilla". En Época romana perteneció a Julia Salaria, capital de la Colonia Salaria perteneciente a la provincia Tarraconense, adquiriendo gran importancia como demuestra el hecho de que sus habitantes podían acuñar moneda.

Durante la etapa musulmana, formó parte del Reino de Jaén, llamada Ibsn-Sabiyuto: De esta época quedan un lienzo de muralla llamado "El chiringote" y un albaicín. Esto llegó a su fin allá por 1226, cuando Fernando III "El Santo" logró rendirla y además, le dio el Fuero de Cuenca, cuyo códice del siglo XIII aún se conserva.

Su hijo Alfonso X "El Sabio" le otorgó el título de "Muy Leal Villa" y la cedió a la Orden de Calatrava, volviendo a la Corona con Sancho IV. En el año 1537, Don Francisco de los Cobos la compró al emperador Carlos V consiguiendo en esa época su mayor esplendor.

Monumentos y lugares de interés

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       Palacio de las Manillas. Renacentista S. XVI

En general, toda la villa presenta un estado de conservación excelente, por lo que nos transporta fácilmente a un ambiente de tiempos pretéritos. Sus casas muy cuidadas y calles bien conservadas y adoquinadas tienen gran encanto, estando salpicadas de casonas blasonadas, casas encaladas y edificios hermosos aunque modestos, lo que hace que pasearla sea muy agradable. Las vistas desde las murallas y miradores son espectaculares.

Castillo de Sabiote

La historia conocida de esta fortificación comienza en el siglo XIII, aunque debido a la preeminencia defensiva que ocupa el cerro en toda la comarca de La Loma, debió ser un lugar encastillado por todas las civilizaciones, desde tiempo inmemorial. El antiguo alcázar musulmán de Sabiote se emplaza sobre un pequeño montículo y se abre a una ancha plaza de la villa, donde se levanta su puerta señorial, precedida de un foso.

El prestigioso arquitecto Andrés de Vandelvira se supone el encargado de transformar esta fortaleza medieval en un palacio de corte renacentista, a petición de su propietario, el poderoso don Francisco de los Cobos, secretario personal de Carlos V y luego también de su hijo, el emperador Felipe II.

Junto con el cercano Castillo de Canena, constituye una de las dos últimas manifestaciones del poder señorial sobre el territorio. Se configura como una gran fortaleza-palacio del siglo XVI construida sobre el entonces castillo calatravo, entre los años 1538 y 1549.

Lamentablemente, el castillo fue expoliado y volado por las tropas napoleónicas durante su ocupación, por lo que interiormente sólo queda el esbozo de lo que fue una destacada obra de arte.

Tiene un acusado carácter militar y un sistema constructivo abaluartado con torres pentagonales en ángulo, troneras y saeteras, todo ello de acuerdo con los entonces modernos modelos italianos de arquitectura militar.

Destacan de su enorme fábrica su gran fachada renacentista de sillería y cantería, recorrida por los escudos de armas de los fundadores, y las grandes torres pentagonales.

Su interior palaciego y renacentista, se articula en torno a varios patios. Bien de Interés Cultural, el castillo está declarado como Monumento desde 1931.

Iglesia parroquial de San Pedro

Reedificada en el siglo XVI con trazado de Alonso Barba, discípulo de Vandelvira. Su portada norte es de estilo gótico isabelino, pero en la sur o Puerta del Sol predomina el proto-plateresco. Un gran arco en esquina sujeta todo el peso del monumento en su parte sur.

En ella trabajó otro discípulo del maestro, Diego de Alcázar. La magnífica torre es de Aranda Salazar.

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Sabiote, con ser más pequeña que Úbeda y Baeza, no deja de tener un encanto especial e íntimo, en ella se concentran edificios blasonados y con un porte renacentista que no tiene que envidiar a sus hermanas mayores.

Pasear por sus calles empinadas y encontrar en cada esquina un palacio con sus dorados blasones, rodear la grandeza pétrea de su castillo o contemplar desde sus innumerables miradores el paisaje salpicado de olivos que jalonan los montes que lo rodean, es un placer para los sentidos.

¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada!
¡Olivares centellados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
                                                    de tormentas!...                   
Antonio Machado

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ÚBEDA

Toponimia: Por su ancestral historia, el origen etimológico del topónimo Úbeda conduce a pensar en su significado en alguna lengua paleohispánica, concretamente la que corresponde a la cultura oretana. Al existir documentación sobre la ciclópea "Torre de Ibiut" asumimos que de ésta milenaria construcción defensiva en la Loma, surgió la ciudad y el topónimo. Después el tiempo corrompió el topónimo hasta llegar a Bahud, Betul, Betulon, Betula, Ebdete, Idubea, Obdah, Ubadzza y por fin castellanizando como Vbeda.

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Historia: Del mítico torreón del Rey Ibiut derivaría el nombre de la ciudad. Si nos restringimos a la arqueología, los primeros asentamientos en Úbeda se remontan a la Edad del Cobre, en el actual Cerro del Alcázar. De hecho, las últimas investigaciones arqueológicas han arrojado seis mil años de antigüedad; Úbeda es la “ciudad más vieja de Europa occidental”. Lo asegura el equipo dirigido por el catedrático Francisco Nocete a la luz de los resultados que han arrojado 35 dataciones de Carbono 14 en el yacimiento de las Eras del Alcázar.

Existen restos argáricos, oretanos, visigodos y tardorromanos, en el solar actual donde se asienta. A su vez había con anterioridad un importante oppidaibero de población autóctono, llamado Iltiraka en lengua íbera, y después dependiente de la Colonia romana de Salaria, es conocido como Úbeda la Vieja (ó Ubeda Vethula), estando situado frente a la desembocadura del río Jandulilla en el Guadalquivir. En busca de intercambios llegan a Úbeda los griegos y más tarde los cartagineses con propósitos imperialistas, siendo vencidos por los romanos tras largas guerras.

Bajo el imperio romano, a partir de la Batalla de Ilipa en 206, la antigua ciudad-estado íbera se romaniza, ya sería conocida como La Betula (Baetula), siendo el centro de numerosa población diseminada. En tiempos de godos, los vándalos destruyeron la región al completo y sus moradores pasaron a concentrarse al sitio que hoy conocemos, llamado de Bétula Nova, por motivos más bien ignorados.

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La ciudad como entidad con una cierta importancia reaparece con la llegada de los árabes, en particular con Abderramán II, quien la refunda con el nombre de Ubbada o Ubbadat Al-Arab (Úbeda "de los árabes"), con la intención de controlar desde aquí a los revueltos mozárabes de Baeza. En el siglo XI es objeto de disputa entre los reinos de taifa de Almería, Granada, Toledo y Sevilla, hasta su conquista por los almorávides. Como ciudad musulmana, se rodeó de más murallas defensivas y se convirtió en una de las ciudades de mayor importancia de Al- Andalus, debido a su artesanía y comercio. Así llegó a convertirse en un rico e importante bastión que poseer.

Tierra de frontera: Durante el año 1091 el rey de Toledo, Al-Amún, lucha contra la rebelión interna de los moros andalusíes siendo Úbeda rendida por la fuerza a manos de Alfonso VI. A partir del siglo XII los reyes castellano-leoneses aumentan progresivamente la presión sobre el Alto Guadalquivir y Úbeda sólo es mencionada en las fuentes escritas como escenario de episodios bélicos, por ejemplo cuando la región fue objeto de los ataques de Alfonso VII de León, primero en 1137 y posteriormente en 1147, momento en el que se apoderó de Úbeda, Baeza y Almería. Durante diez años la ciudad permaneció en manos de los castellanos, hasta que la contraofensiva almohade les obligó a retirarse en 1157. Reconquistada y devastada por Alfonso VIII tras la batalla de las Navas de Tolosa, o Batalla de Úbeda, es perdida al poco tiempo. Entretanto la ciudad es saqueada y arrasada en varias ocasiones más, siendo definitivamente su población masacrada por los cruzados en la batalla de 1212.

En el año 1233, Úbeda es definitivamente conquistada por Fernando III de Castilla tras largo asedio, convirtiéndose en ciudad realenga y titular de un arciprestazgo:

«...Fernando III desde Toledo se dirigió con su ejército contra Úbeda, ciudad que por la situación entre Muhammad ibn Hûd y Muhammad ibn Yusuf ibn Nasr ibn al-Ahmar no recibía socorro. Puso sitio a la misma el 6 de enero de 1233. Cuando los defensores de la ciudad se convencieron de que no tenían posibilidad de abastecimiento ni ayuda; capitularon, saliendo salva su población con los bienes que pudieron llevar, bajo protección cristiana hasta la ciudad musulmana a que quisiesen ir...».

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Fernando III

Un hecho destacable es que la toma de Úbeda se realizó mediante capitulación, evitando una nueva matanza y posibilitando la coexistencia de distintas etnias que formaban una población de varias culturas (árabe, judía y cristiana). Durante más de dos siglos la ciudad participa activamente en la lucha contra los musulmanes, gozando de amplia autonomía en su gobierno local, regido por el Concejo apoyado por la veinticuatría.

Factor decisivo en este período es su importante valor geoestratégico. Durante casi tres siglos fue población fronteriza, primero de avanzada y luego muy cercana a la frontera entre los reinos de Granada y Castilla. Este hecho determina que los sucesivos reyes castellanos le otorguen numerosos privilegios y concesiones, como el Fuero de Cuenca, para favorecer la fijación de una población, formada por castellanos y navarro-aragoneses, que permanezca frente a circunstancias de vida adversas propias de una zona fronteriza. Así llegó a ser una de las 4 "ciudades mayores de la reconquista de el Andalucía".

Episodios como el de 1368, en el que la ciudad es asolada con motivo de la guerra civil entre Pedro I de Castilla y Enrique II de Trastámara, y el posterior saqueo de Pero Gil y los ejércitos de Mohamed V de Granada avivó la rivalidad entre los bandos locales, Traperas contra Arandas primero, luego Cuevas Contra Molinas, tiñen de sangre su historia hasta las postrimerías del siglo XV. De hecho dieron lugar a que, a semejanza de lo ocurrido en Baeza, las murallas y torres del Alcázar fuesen demolidas en 1506 por orden real, a fin de poner paz entre dichos bandos.

La provincia de la jurisdicción de Úbeda se extendía desde Torres de Acún (Granada) hasta Santisteban del Puerto, pasando por Albánchez de Úbeda, Huesa y Canena, y a mitad del s. XVI también incluía en su Partido jurisdiccional a las villas de Cabra del Santo Cristo, Jimena, Quesada, Peal, Sabiote y Torreperogil.

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        Jimena y la Sierra Mágina

Esplendor: Este cúmulo de factores (situación geográfica y consiguiente dominio de vías de comunicación, su extensa y rica jurisdicción, gran alfoz y presencia de una nobleza cada vez más poderosa) sentó las bases a lo largo de los siglos XIV y XV del esplendor de la Úbeda del siglo XVI. Al finalizar la conquista de Granada, asistimos a un desarrollo económico de la ciudad basado en la agricultura y en una importante ganadería caballar y mesta propia, que fundamenta el periodo de mayor esplendor de la ciudad, siendo muy importante la roturación de bosques y puesta en valor de nuevas tierras. La paz y el desarrollo económico lleva consigo un aumento demográfico, alcanzando la ciudad una población de 18.000 habitantes, siendo una de las más populosas de toda España. Comenzando con Ruy López Dávalos, Condestable de Castilla con Enrique III y Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV, sus nobles encuentran acomodo en altos cargos de la administración imperial.

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Juana “La Beltraneja”

Tras la nobleza ubetense, y las órdenes de caballería, el siguiente gran estamento privilegiado es el clero. La diócesis de Jaén es enormemente rica, su mitra, posiblemente, fuera una de las más ricas de España, y el clero ubetense tenía altos cargos en ella. También hallamos un colectivo de vecinos que han prosperado (judíos o muladíes mayormente) y que genéricamente hubieran sido el germen de una incipiente burguesía. Se trata de profesionales, tales como médicos, sastres, escribanos, boticarios y, naturalmente, un estimable número de mercaderes ricos. Más abajo, existía todo un variado repertorio gremial propio de un núcleo de población rico y expansivo, mención especial al gremio de los pastores y ganaderos. El ejército y la milicia cerraban éste grueso estamento. El tercer estamento era un número basto de labriegos de las tierras de los nobles y pequeños campesinos.

Especialmente destacable es el papel de Francisco de los Cobos, secretario del Emperador Carlos I. Con él entra el gusto por el arte en Úbeda, y como si fuera una pequeña corte italiana, de manos del arquitecto Andrés de Vandelvira y sus seguidores, Úbeda se llena de palacios. Su sobrino, Juan Vázquez de Molina, secretario de Estado de Carlos I, y de su hijo, Felipe II, continúa lo iniciado. En toda Úbeda arraigan fuerte las corrientes humanistas del Primer Renacimiento. En 1526 el Emperador Carlos visita la ciudad y jura guardar los privilegios, fueros y mercedes concedidas a Úbeda.

Declive: Los siglos XVII y XVIII son de decadencia para la ciudad, inmersa en la crisis general de España, que ve como su pasado esplendor se apaga. La falta de una política proteccionista para la artesanía, las importaciones de la lana de Burgos, la subida de los precios por las malas cosechas, la injusta presión fiscal para las guerras, la corrupción, el poder del Clero, el proceso inflacionista por abundancia de metales, las continuas levas militares, las epidemias, y la emigración a Indias son algunos de los factores que contribuyeron a esa merma. Úbeda perdió hasta el control del tráfico de madera de los robles y pinos del Segura, en favor de comerciantes sevillanos. Todo ello va descapitalizando a la ciudad, agudizando las diferencias sociales e incrementando la miseria de la mayoría. Algunas fechas de los desastres que asolaron la ciudad en esta etapa fueron las pestes de 1585 y 1681 y el terremoto de Lisboa de 1755, que quebranta bastantes casas de la ciudad. Para rematar, la persecución de los "cristianos nuevos" y la expulsión de los moriscos en 1609 va a ser seriamente lamentado por el Concejo, por el impacto económico al perder su más valioso tejido económico.

La cruda decadencia se hace manifiesta a partir de 1700 con la larga Guerra de Sucesión. Los vecinos de Úbeda vivirán la Guerra de Sucesión con intensidad creciente. Sus aportaciones en caballos, armas, municiones, dinero o tropas son continuas, resultando difícil en ocasiones comprender de dónde provienen tales fuerzas en un pueblo debilitado por el hambre y la enfermedad.

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 Tal fue la presión impositiva y la injusticia al quedar exentas las clases poderosas, que la población hambrienta se amotinó el 19 de marzo de 1706, contra los cobradores de las rentas reales. Como consecuencia de la guerra, Úbeda se empobreció en extremo y aumentó la conflictividad a límites desconocidos. El concejo tuvo que vender sus mejores fincas de propios para afrontar urgentes pagos de milicias. Sin duda hubo recesión demográfica, al coincidir la guerra con crisis de hambre y enfermedades generalizadas. En estos años, muchas villas de su territorio se independizan. Se puede concluir, que Úbeda sufre uno de los peores momentos de su historia, sólo tocando fondo hacia 1735. Pero el mal en Úbeda y otros lugares estaba hecho, y era difícil dar marcha atrás al reloj de la Historia.

Posteriormente, con la guerra de la independencia española, durante la que los franceses permanecen entre 1810 y 1813 en la ciudad, se trunca la recuperación, las penalidades vuelven, se ocasionan saqueos y grandes perjuicios económicos. La situación llevó a Úbeda a un estado de "ruina económica", que la había conducido a extremos tales como la absoluta carencia de ganados para laborear el campo, de semillas para efectuar la siembra y aún de los medios más precisos para la subsistencia de la población.

Las desamortizaciones eclesiásticas de 1820 y 1836, supondrían que todos los conventos de la ciudad (con excepción de Santa Clara y las Carmelitas) fueran expropiados y vendidos en subasta pública. Ello significaría la total transformación de espacios urbanos de la ciudad, cambiando de uso algunos de estos edificios para albergar colegios, cuarteles, cárceles, etcétera y, en el peor de los casos, que fueran demolidos sus viejos inmuebles por amenaza de ruina. En suma, la ciudad vo vuelve a recuperarse hasta finales del siglo XIX; es cuando comenzó a experimentar un pequeño resurgir con la mejora en avances técnicos, que llegan con retraso a la ciudad, que sigue siendo un medio rural no afectado apenas por la revolución industrial y cada vez más alejado de los centros de poder.

Úbeda continúa una larga existencia anodina, y sus palacios ya vacíos de lujos, permanecen abandonados.

Recuperación:Quedaban aún por sufrir los efectos de las guerras carlistas y las sucesivas revoluciones liberales que convulsionaron la vida de la ciudad. Las bases del liberalismo en Úbeda se basan en el predominio en la política de los grandes propietarios agrarios, y se instaura el caciquismo y el falseamiento electoral. A finales del XIX la pequeña burguesía con algunos terratenientes ubetenses hacen renacer la actividad en la ciudad gracias a la agricultura y la industria. Durante los años 20 del siglo XX, la retórica regeneracionista, cuya ambiciosa idea era lanzar a Úbeda a un nuevo Renacimiento, pone en práctica numerosos proyectos de reformas y mejoras en la ciudad. En éstos años, se extiende la educación y los servicios básicos.

Durante los años 60 y 70, la industria local tiene un fuerte repunte pero insuficiente para absorber el fuerte incremento de población, avocada a la emigración. Lentamente, la que fue la Florencia de la Alta Andalucía, va a ir alcanzando el lugar actual como referente provincial, cabecera de la comarca y como un centro de industria y servicios a nivel regional de importancia creciente.

El 3 de julio de 2003 es nombrada, junto con su vecina Baeza, Patrimonio de la Humanidad.2

Cronología y curiosidades históricas:

  • 1091: Alfonso VI consuma su discordia con el Cid en Úbeda.
  • 1212: Librada la batalla de las Navas de Tolosa, también llamada Batalla de Úbeda, la ciudad es asaltada, saqueada y destruida y prácticamente toda la población junto con los refugiados de Baeza, son pasados a cuchillo por las tropas cristianas. Dos años más tarde los Almohades la recuperan.

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  • 1235: Fernando III hace merced a Úbeda del Castillo de Olvera (el actual enclave del rincón de Olvera).
  • 1275: El rey le concede los castillos de Tíscar. Huesa y Belerda.
  • 1330: Motín popular contra la nobleza, cuyo cabecilla, Juan Núñez Arquero paga con la horca.
  • 1342/1344: Sitio de Algeciras por el concejo de Úbeda. A raíz de esta contienda surge la leyenda de los doce leones que aparecen en el escudo de Úbeda, que simbolizan a los 12 heroicos caballeros que lograron su conquista.
  • 1368: La irrupción de Pedro Gil asola la ciudad destruyendo los templos y quemando todos los archivos municipales, parroquiales y notariales.
  • 1369: Enrique II, le restituye el título de Ciudad, otorgándole su actual escudo de armas, distinguiéndola con el Lema de "Muy Noble, Muy Leal y Antigua Cibdad, reparo y ensalzamiento de los Reinos de Castilla"
  • 1396: La noche de San Juan, batalla entre los Aranda y Trapera, cerca de la Puente Vieja (lugar de Úbeda la Vieja). Un siglo después los Cueva y Molina continuarán esta rivalidad mortal.
  • 1489: Visita a Úbeda de los Reyes Católicos. Dice la leyenda que frente a la Puerta de Granada, La Reina Isabel prometió por primera vez no cambiarse de camisa hasta expulsar a los moros de sus dominios.
  • 1526: El Emperador Carlos visita solemnemente la ciudad y jura guardar los privilegios, fueros y mercedes concedidas a Úbeda.
  • 1530: Se prohibió la construcción de balcones en voladizo para no quitar el sol y la luz a las calles.
  • 1562: Don Diego de Los Cobos redacta los Estatutos Fundacionales del Hospital de Santiago, y comienzan las obras.
  • 1591: San Juan de la Cruz entra en la ciudad, donde muere el 14 de diciembre.
  • 1845: Richard Ford (1796-1858), el inglés viajero e hispanista, recoge en su "Manual de viajeros por Andalucía" la imagen monumental de la ciudad aunque lamenta el abandono de las tierras de labor; reflejo de este abandono es su comentario sobre que aún existía el palacio de Francisco de los Cobos, aunque, eso sí, cruelmente degradado.
  • 1906: se publica “Apuntes para la Historia de Úbeda”, donde se desvela que 248 personas fueron condenadas a la hoguera por la Inquisición en esta ciudad, según los datos recogidos.

Por los Cerros de Úbeda

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El popular dicho de irse ó "andarse por los cerros de Úbeda" tiene su origen en la reconquista a los Almohades de la ciudad jiennense de Úbeda, acontecida en 1233.

Parece ser que uno de los más importantes capitanes del rey Fernando III el Santo, el tal Álvar Fáñez (alias el Mozo), desapareció instantes antes de entrar en combate y se presentó en la ciudad una vez que ésta había sido reconquistada. Al preguntarle el rey dónde había estado, el otro, ni corto ni perezoso, contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda. La frase fue tomada irónicamente por los cortesanos, pues los cerros de Úbeda, aunque tienen entidad, no son suficientemente grandes como para justificar el extravío de los soldados y se perpetuó como signo de cobardía.

Actualmente se usa cuando alguien interviene en una conversación con algo que no tiene nada que ver con lo que se está hablando. Otra versión del mismo hecho cuenta que Álvar Fáñez se había enamorado de una mora, y por eso faltó al ataque, al estar citado a la misma hora con su enamorada.

 

Urbanismo Histórico

Se resume diciendo que al igual que en el conjunto de Baeza, es un Renacimiento con señas de identidad propias. Estas ciudades aportan una auténtica recopilación de las ideas, soluciones y prácticas del urbanismo renacentista, formulados por los tratadistas italianos del siglo XV, pero adecuándolas a una realidad sociopolitica cultural muy distinta a la italiana. Úbeda es "cátedra del renacimiento". La lección de urbanismo que ofrece la ciudad trasciende lo regional y nacional, valorándose entre el urbanismo más innovador del Renacimiento Español que, tras ser reelaborado, tendrá una nueva proyección en Iberoamérica.

El urbanismo de la ciudad, se configura en éstas fases principales:

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  • Ciudad-acrópolis: En torno al cerro de Ibiut, actualmente cerro del alcázar, se fortificó un oppidum ibero que acabó por constituir la matriz de la alcazaba de Úbeda.
  • Herencia hispano-musulmuana (siglos IX al XIII): la ciudad acrópolis amplia el recinto amurallado con su respectivo alcázar en el reborde de la cornisa natural, medinas con mallas viarias mínimamente estructuradas por los ejes que conectan con las puertas de la ciudad.
  • Ciudad Mudéjar (siglos XIII al XV): territorio de frontera con el reino Nazarí. La ciudad sigue siendo heredera, en sus líneas básicas, de la estructura islámica: refuerzo del recinto amurallado y cristianización de las antiguas mezquitas.
  • Ciudad Renacentista (siglo XVI, Edad de oro): el auge socio-económico explica la inusitada renovación practicada sobre la ciudad mudéjar, las reformas renacentistas se yuxtaponen a la imagen medieval y representan la construcción de espacios simbólicos dirigidos por los poderes civiles. La estructura de la ciudad se consolida y alcanza su plenitud urbana y arquitectónica. Con modelos italianos y notas francesas se construyen los palacios y casas hidalgas ubetenses, —se han catalogado más de 250—, cuyos modelos tienen una continuidad hasta el siglo XVIII, inicio de la decadencia de la ciudad.

La mayor originalidad de Úbeda se produce en las operaciones de reestructuración interna llevadas a cabo sobre la ciudad mudéjar original:

  • Apertura de Placetas: ante los nuevos edificios públicos o residenciales de cierta entidad.
  • Arquitectura focalizando visuales: en línea con el fin de perspectiva y con la teoría renacentista de "calle cerrada".
  • Soluciones de esquina: torres y brillantes composiciones desarrolladas en aristas de ángulo que contribuyen muy eficazmente a la recalificación de la ciudad mudéjar heredada.
  • Una operación urbana inédita en España, la Plaza Vázquez de Molina: además de por su extraordinaria calidad arquitectónica, supone una intervención que complejiza la organización urbana para representar el nuevo recinto del poder, concreción espacial y formal de la aristocracia política y económica que se configura durante la etapa renacentista.

El Palacio, pasa a ser durante los siglos XVI, XVII y XVIII el prototipo de la arquitectura señorial e institucional, y destaca como el elemento de mayor significación en el entramado ubetense. Los nobles compiten en la majestuosidad de sus residencias.

Monumentos y lugares de interés

Aquí tan solo vamos a mencionar algunos con mayor interés pues la lista de ellos es innumerable en esta ciudad.


Capilla del Salvador y Palacio del Deán Ortega (Parador de Turismo)

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La ciudad cuenta con 48 monumentos notables, y más de otro centenar de edificios de interés, casi todos ellos de estilo renacentista, en equilibrio perfecto con volúmenes árabes, góticos o barrocos. Aunque curiosamente a los viajeros románticos de los siglos XVIII y XIX les impresionó más el sabor musulmán de sus calles que ése esplendor renacentista. Todo este patrimonio llevó a Úbeda a ser la segunda ciudad de España nombrada Conjunto Histórico-Artístico, en el año 1955. En el año 1975 recibió el nombramiento del Consejo de Europa como Ciudad Ejemplar del Renacimiento. Por último, en 2003 ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad, junto con Baeza, por la Unesco.

Plaza Vázquez de Molina

Artículo principal: Plaza Vázquez de Molina.

Constituye el corazón monumental de Úbeda y conforma un modelo de urbanismo y planificación inéditos en España hasta entonces.

  • Sacra Capilla del Salvador:

Presidiendo la plaza, es sin duda el monumento más representativo y querido de toda la ciudad. La lonja delante de la Sacra Capilla es, sin duda, uno de los espacios más simbólicos de la ciudad, adoptando la función de teatro sacro, que tenía su proscenio en el atrio del templo y la escena en el retablo litográfico de la portada.

  • Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares:

La emblemática Iglesia Mayor. Monumento Nacional.

  • Palacio de las Cadenas:

Actual sede del Ayuntamiento, también conocido como el Palacio Vázquez de Molina. Es Monumento Nacional.

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Patio de columnas del Parador

A la derecha de la Capilla del Salvador está la Calle Baja del Salvador que conduce a un Mirador desde el que se ven las Sierras de Cazorla y Mágina. En esta calle podemos encontrar el Hospital de los Honrados Viejos del Salvador, declarado Monumento Nacional junto con la Capilla del Salvador.

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         Detalle de San Pablo

 

Personajes Nacidos en Úbeda

  • Samuel ha Leví, almojarife real del Rey Pedro el cruel y Oidor de la Audiencia
  • María de Molina, cantante de la corte de Luis XIV.
  • Ruy López Dávalos, Condestable de Castilla con Enrique III.
  • Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque, valido de Enrique IV, supuesto padre de Juana la Beltraneja.
  • Francisco de los Cobos, secretario de estado de Carlos I.
  • Juan Vázquez de Molina, secretario de estado de Felipe II.
  • Antonio Muñoz Molina, escritor.
  • Joaquín Sabina, cantautor.

 

Personajes Relacionados con Úbeda

  • Andrés de Vandelvira, arquitecto.
  • San Juan de la Cruz, místico.

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 Tras de un amoroso lance,

y no de esperanza falto,

volé tan alto, tan alto,

que le di a la caza alcance.

 

 

  • Francisco de Los Cobos y Molina

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Secretario de Estado del emperador Carlos I, comendador de Castilla, Duque de Sabiote, e innegablemente una de las personalidades más influyentes y poderosas de su época. Nació en Úbeda ca. 1477 y murió el 10 de mayo de 1547 también en su ciudad natal.

Nacido del linaje de don Pedro Rodríguez de los Cobos e hijo de don Diego de los Cobos, regente de la citada ciudad, y de Catalina de Molina, aunque de familia noble pero con considerables problemas económicos, a lo largo de su vida experimentó un crecimiento personal, político y económico verdaderamente asombroso.

Carrera política y personal

Siendo aún joven se beneficia de la posición de su tío, Diego Vela y Viedma, contador y secretario de la reina Isabel I de Castilla la Católica, el cual le ofrece un puesto como ayudante en su despacho, donde tendrá su primera aproximación a la burocracia del incipiente imperio. Poco después, pasará al despacho del decano de los secretarios de la Reina, Hernando de Zafra, quien le allanará el camino en la administración. En 1503, estando al servicio de Zafra, es nombrado escribano de cámara. A partir de la muerte de este, en 1507, pasa a trabajar con otro secretario real, Lope de Conchillos, y comienza un vertiginoso y fulgurante ascenso político. Contador de Mayor de Granada (heredado de Zafra) y Regidor de Úbeda en 1508, encargado del registro de concesiones, pagos y mercedes directamente por Fernando el Católico en 1510, Regidor de Granada en 1511, escribano del crimen de Úbeda en 1513. En 1516, a la muerte del rey católico queda como regente de Castilla el Cardenal Cisneros quien llevará a cabo una "limpieza" en la administración. Cobos ha de viajar a Flandes para cortejar a los preceptores y consejeros del nuevo monarca, Carlos I y ganarse su confianza. En ese sentido el viaje resulta todo un éxito, consiguiendo el apoyo de Guillermo de Croy, señor de Chievres, logrando así ser nombrado secretario del rey el 12 de diciembre de 1516. En 1519 adquiere el hábito de la Orden de Santiago. Diez años más tarde es nombrado Comendador Mayor de León para esta orden, máximo cargo que pudo ocupar en ella dada su condición de hidalgo.

En 1520 acompaña al monarca en su viaje a Flandes y Alemania, situándose como el mejor asesor en cuestiones españolas ante el rey.1 Finalmente es nombrado miembro del Consejo real en 1522. Ese mismo año de 1522 cercano a los cuarenta años, contrae matrimonio con doña María de Mendoza y Sarmiento, hija de Juan Hurtado de Mendoza y María de Sarmiento, Condes de Rivadavia, de tan sólo catorce años (nacida en 1509), De esta manera entronca con otra de las más poderosas familias castellanas del momento, los Mendoza, que habían mantenido fuertes vínculos y alianzas con la monarquía.

De este matrimonio nacerán dos hijos Diego y María. Esta esposará con el Duque de Sesa, Gonzalo Fernández de Córdoba, nieto del Gran Capitán

A partir de 1528, tras la destitución del canciller Mercurino Gattinara, Francisco de los Cobos se convierte en el hombre de confianza del emperador, que alcanza el cenit de su carrera política con su nombramiento como consejero de Estado en 1529 siendo su consejo imprescindible tanto en la política nacional, como en el plano internacional, lo cual queda patente a partir de 1530. Desde esta fecha y en los ocho años siguientes, tanto él como su colega, el consejero Granvela, acompañarán al emperador allá donde vaya dentro y fuera de las fronteras del imperio.

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Una muestra del poder de Francisco de los Cobos puede encontrarse en lo que sus coetáneos escriben de él. Así, el propio emperador escribe:

"….porque veys la confianza que yo hago de Covos y la experyencia quel tiene de mis negocios questa mas informado y tiene mas platica de los que nadye, también en ellos y en las cosas que os pareciere tomar su información y consejo, lo toméis."

El embajador de la República de Venecia, deja escrito de Cobos:

"….que conoce la naturaleza del César; quizá a ello se debe el predicamento que goza con su Majestad y que éste jamás rechace lo que le pide. Cuando se encuentra con el Emperador, todo pasa por sus manos, y cuando aquel esta ausente, él es el que dirige todos los asuntos de importancia a través del consejo y por su propio juicio."

A él mismo, le dedica Antonio Guevara estas palabras:

"Paréceme, señor, os debéis mirar y considerar que sois, que podéis y que tenéis y que valéis, y hallareis que entre los consiliarios sois el mayor, entre los ricos el mayor, entre los que tienen mérito el mayor, entre los afortunados el mayor, entre los de vuestra patria el mayor, entre los secretarios el mayor, entre los comendadores el mayor..."

Como consejero de Estado, acompaña al emperador en su ceremonia de coronación en Bolonia en 1530, y en la campaña de Túnez en 1535.

En el plano personal, es nombrado Caballero de la Orden de Santiago en 1519 y en 1529 es nombrado Comendador Mayor de León de la Orden de Santiago. En este aspecto es de reseñar el innegable afán de acumular riqueza y títulos nobiliarios de don Francisco de los Cobos, que consigue ser nombrado de forma vitalicia y hereditaria como Adelantado de Cazorla, y compra las villas de Sabiote en 1537 y Torres en 1538 por un importe aproximado de 100.000 ducados y con unos privilegios y potestades realmente ventajosas. (Privilegio para desmembrar territorios y jurisdicciones, lo cual le permitía no mantener los territorios íntegros, sino vender porciones de los mismos si era menester).

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Igualmente consigue como donación la explotación salinera de Nicaragua y adquiere los yacimientos y explotaciones mineras de Vera, Azuaga, Toledo, Navarra, Cartagena y Lorca, además de recibir una prebenda que será el espaldarazo definitivo a sus finanzas: Ensayador mayor de los metales preciosos de la Casa de Contratación de la Indias. Este título le proporcionará una riqueza incalculable, como escribe Hayward Keniston:

"….pues solamente de nueva España obtuvo en dos años y medio, un beneficio de más de ocho millones de maravedíes."

(1 ducado = 375 maravedíes)

Además de su ya engrosada renta procedente de su salario como secretario real, del arrendamiento y explotación de sus señoríos, latifundios agrícolas, encomiendas y oficios o cargos públicos de una u otra índole (sólo como Comendador Mayor de la Orden de Santiago percibía 55.000 ducados anuales), recibe del emperador la potestad para percibir los tributos sobre el abastecimiento de carnes de Úbeda, y sobre el tabaco de toda Andalucía.

A partir del primer cuarto del siglo XVI, Cobos empieza a enfrentarse con las dificultades económicas derivadas de las costosas guerras europeas que mantiene Carlos I en Europa contra Francia y en la península Itálica. Estas dificultades irán acrecentándose hasta el final de su carrera y no verán solución, por lo que el problema pasará al sucesor del emperador.

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Tapiz: Las luchas entre Carlos V y Francisco I

En 1539 y 1545 los compromisos del emperador le hacen dejar la regencia de las posesiones peninsulares en su hijo, el futuro Felipe II, incluyendo entre sus recomendaciones seguir los consejos de don Francisco de los Cobos.

En febrero de 1547, Francisco de los Cobos se retira a su ciudad natal aquejado de una enfermedad que complicará su último año de vida. Finalmente fallece en Úbeda el 10 de mayo de ese año.

El mayorazgo establecido a su muerte será heredado por su hijo varón Diego de los Cobos Mendoza, quien recibirá del emperador el título de Marqués de Camarasa2 sobre el señorío de su esposa Francisca Luisa de Luna en 1543. El título de marqués de Camarasa es ostentado en la actualidad por El actual duque de Segorbe, Don Ignacio Medina Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa.

Francisco de los Cobos, mecenas y coleccionista

No obstante lo dicho, hay otra faceta en la que Francisco de los Cobos se destaca especialmente: El mecenazgo y apoyo al arte. Si bien detrás del mismo no existe verdadera devoción artística sino una clara intención de acumular obras valiosas, su actitud tiene una influencia decisiva como se verá, gracias a su contacto con Italia, fruto de su cargo.

En 1522 realiza su primer viaje a Italia acompañando al Emperador, donde descubre el movimiento renacentista, prácticamente inexistente en España, donde apenas hace treinta años que ha terminado la Reconquista. En este primer viaje conoce en Ferrara a Tiziano, apreciando su pintura y trabando amistad. También conoce a otros artistas españoles, estudiantes allí, entre ellos al arquitecto Pedro de Vandelvira, al que convence de volver a trabajar a España.

En 1532, en su segundo viaje, vuelve a encontrarse con Tiziano en Mantua. A raíz de este encuentro, el Comendador intercederá por el artista ante el Emperador, y fruto de esta mediación surgirá, quizá ya en 1533, el cuadro Carlos V con perro.

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 Carlos V con perro. Tiziano, 1532/33

A pesar de que Tiziano ya había pintado a Carlos I en 1530 en Bolonia, durante su estancia con motivo de su coronación, en aquella primera ocasión el Emperador no queda del todo satisfecho. No obstante, en esta segunda ocasión, la buena impresión que causará este retrato hace que el pintor sea nombrado Caballero de la Espuela de Oro y Conde Palatino, además de pasar a ser el pintor predilecto del Emperador.

Desde 1521 en que recibe del Emperador, en Colonia su primer regalo, (cuatro cabezas de vírgenes martirizadas con su correspondiente cédula de autenticidad, que pasarían a la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda), Francisco de los Cobos, debido a su cargo recibirá numerosísimos obsequios que, unidos a sus adquisiciones, conformarán una impresionante colección artística. En 1533Ferrante Gonzaga, duque de Mantua, encarga a Sebastiano del Piombo un cuadro para Cobos, de una Madonna a guisa di quella della febre de Miguel Ángel, que no será concluido ni entregado a Cobos hasta 1539. Cabe destacar que esta obra estaba realizada sobre una gran plancha de pizarra y enmarcada en piedra, lo que suponía un grave problema para el transporte, por lo que hubo de fletarse una fragata expresamente para su traslado a España. En 1536 recibe del Consejo Municipal de Lucca un obsequio consistente, además de en trajes y dinero en metálico, en una serie de pinturas que resultan muy apreciadas por el Comendador. No obstante estas obras se pierden en su traslado a España debido al naufragio de la galera en que viajaban. La lista de obras sería tan interminable, como incalculable el valor de las mismas.

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Arqueta relicario de santa Úrsula

Entre su colección había retratos de miembros de las casas reales europeas, así como de los antepasados de su esposa, Diego de Mendoza y Pedro González de Mendoza. Además, había otros objetos exóticos, obsequiados por Hernán Cortés y Pizarro, traídos de los tesoros de los reinos recién conquistados en América. Tal es el caso del manuscrito azteca encuadernado en piel de tigre que el Comendador entrega al historiador Giovio en su visita a Nápoles.

No obstante lo dicho hasta aquí, el escaso valor que Francisco de los Cobos otorga al arte se manifiesta en su documento de Mayorazgo, un inventario de los bienes que cede a su primogénito, don Diego de los Cobos y Mendoza, en el que no se lega ni una sola obra artística, a pesar de existir en su haber una ingente colección de arte, en la que podría haber algunos cuadros de Tiziano. Como nota anecdótica, cabe citar que tras una interminable lista de títulos, terrenos e inmuebles, aparece en primer lugar una "cama de estado" con una prolija descripción, ocho tapices de colgar y tres alfombras que habían pertenecido a Barbarroja, posiblemente regalo del Emperador.

Tras la muerte de Francisco de los Cobos, se realizan en varias ocasiones inventarios de la fabulosa colección de arte, como los realizados en 1563, 1568 y 1586 sólo para inventariar los bienes pertenecientes a la Sacra Capilla del Salvador, en la Iglesia de Úbeda. Lamentablemente, a pesar de que el volumen de obras inscritas es ingente, se hace escasa o nula descripción de las mismas. Dado que a la capilla sólo se donaban los objetos de alguna significación religiosa, podemos hacernos una idea de la magnificencia de la colección privada que decoraría ricamente sus palacios en Úbeda, Valladolid y otras plazas en que la familia Cobos poseía inmuebles. Entre el ajuar litúrgico de la citada capilla, además de obras de orfebrería en oro y plata de grandes dimensiones, inmejorable factura y gran valor, se encuentra una Pietá de Sebastiano del Piombo o una pieza donde se ve en el altar mayor un San Juan niño de alabastro (que dizen le presentó el Senado Veneciano) joya de excelente escultura según palabras de Gonzalo Argote de Molina en torno a 1570 y mencionado en una disputa entre la Diócesis y la familia del fallecido Comendador, como queda registrado:

"Yten si saben que demás de lo contenido en la quinta y sesta pregunta deste ynterrogatorio ansimesmo el dho. comendador mayor y la dha. doña Maria de Mendoza su muger an dado y donado a la dha. capilla de la concepción e iglesia de san salvador muchas reliquias de grande valor y estimación y un San Juan Baptista de alabastro ymagen de grandisima devoción y la talla desta vista por grandes maestros que an ydo a la dha. ciudad de Úbeda y rodeado munchas tierras solo por la ber dizen y an dicho que es pieça de ynestimable valor por la gran perfección que tiene..."

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Algo después de fallecer Francisco de los Cobos, Gonzalo Argote y Molina señala en una biografía del primero, al hablar de la capilla del Salvador mencionada:

"….donde se ve en el altar mayor un San Juan niño de alabastro (que dizen le presentó -a Cobos- el Senado Veneciano) joya de excelente escultura"

El citado San Juan niño fue atribuido por Manuel Gómez-Moreno al artista florentino Miguel Ángel, quien, en torno a 1495 se sabe realizó una imagen de estas características para Lorenzo Pierfrancesco de Medici. No es segura segura su autoría, aunque su estilo se asemeja bastante. Como puede apreciarse, la riqueza del ajuar de la capilla-panteón de Úbeda era inconmensurable y el resto de la colección personal estaba al mismo nivel.


  • Andrés de Vandelvira, arquitecto

 Nació en Alcaraz (Albacete) en 1509 y falleció en Jaén en 1575 fue un célebre cantero y arquitecto renacentista español.

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Fue hijo y discípulo del también arquitecto, Pedro de Vandelvira, y estaba casado con Luisa de Luna, de Villacarrillo, con la que tuvo siete hijos, uno de los cuales, Alonso de Vandelvira, escribió un libro "Libro de cortes de piedra", que ayudó a que fuera conocida la obra de su padre. Fundó una capellanía, en la Iglesia Parroquial de Villacarrillo, a favor de su hijo el presbítero y licenciado Pedro de Vandelvira. Siendo en este último lugar donde acopió la mayor parte de su patrimonio.

Con 21 años también aparece Vandelvira en unas ambiciosas obras del Convento de Uclés,1 obra iniciada por Francisco de Luna en 1529; su participación, "a la sombra de la escuela plateresca toledana", es uno de los ingredientes formativos de su personalidad.

Instruido por su padre, que había estudiado en Italia, fue un varón de gran cultura; conocía los tratados más famosos de la época, y los puso en práctica gracias a los mecenas que encontró, principalmente en la provincia de Jaén, como la misma iglesia, y los nobles relacionados con la familia Molina, como Francisco de los Cobos y Molina, protector de su padre. Fue el inventor de la bóveda vaída y de otras ingeniosas soluciones constructivas.

Entre sus obras más notables está la Sacra Capilla del Salvador, realizada en Úbeda sobre un proyecto inicial de Diego de Siloé, por encargo de Francisco de los Cobos. Tras esta obra, vienen muchas otras, como la capilla de los Benavides en el convento de San Francisco de Baeza, una obra maestra (por desgracia perdida en parte tras el terremoto de 1755); la intervención en la catedral de Baeza o en el Antiguo Convento de Santo Domingo de La Guardia de Jaén, el Hospital de Santiago de Úbeda o la mismísima Catedral de Jaén, obra también iniciada por su padre, Pedro de Vandelvira en 1540, donde ejecutó las obras que su padre había trazado.

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También trazó y dirigió la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villacarrillo, que es de tres naves divididas por cinco columnas corintias por banda y el retablo mayor y colaterales y fue una de sus primeras y grandes obras en la provincia de Jaén. También se le atribuye la traza de la nave central de la Iglesia de La Asunción en Jódar.

Se le atribuye la torre del Tardón en Alcaraz, que guarda muchas similitudes en su decoración con la Capilla del Salvador de Úbeda.

Una de sus últimas obras, en las que muestra una gran pureza de estilo es el Hospital de Santiago, en Úbeda. A su muerte, su cuerpo fue enterrado en la Basílica de San Ildefonso de Jaén.