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Conferencia: Miguel Servet. La lucha por la libertad de conciencia

Título:
Conferencia: Miguel Servet. La lucha por la libertad de conciencia
Cuándo:
Mar, 14. Enero 2014, 19:00 h - 21:00 h
Dónde:
Centro "21 de Marzo", Salón de Actos - Tres Cantos, Madrid
Categorías:
Historia y sociedad, Conferencias, Vídeo, Presentación
Conferencia: Miguel Servet. La lucha por la libertad de conciencia

Información del ponente

Nombre:
Andrés Acosta, Ingeniero Aeronáutico y Doctor en Historia


Lugar

Lugar:
Centro "21 de Marzo", Salón de Actos
Calle:
Calle del Viento, 2
CP:
28760
Ciudad:
Tres Cantos
Estado / Provincia:
Madrid
País:
Spain
Centro
Mapa:
Mapa

Descripción del evento

Miguel Servet: la lucha por la libertad de conciencia

Conferencia de Andrés Acosta González

            En aquel convulso y violento siglo XVI el aragonés Miguel Servet fue una víctima más de la intolerancia religiosa y prefirió morir en la hoguera antes que renegar de sus ideas religiosas. En este caso no es condenado por un tribunal de la inquisición católica sino por el Consejo de la ciudad de Ginebra bajo el dictado de Calvino, el creador de la Iglesia Reformada protestante. Las ideas de Miguel Servet contrarias al dogma de la Trinidad eran consideradas heréticas tanto en el ámbito católico como protestante.

            Nació en Villanueva de Sigena (Huesca) en 1511. En 1528 su padre le envió a la Universidad de Toulouse para realizar estudios de Derecho. Era esta ciudad de una estricta observancia de la fe católica pero también con una importante circulación de todo tipo de libros en los que el joven Servet se formó. Entró al servicio de fray Juan de Quintana quien llegaría a ser confesor de Carlos V, y con él y formando parte del séquito de Carlos  V viajó por Italia y Alemania.  Más tarde viajó por su cuenta por toda Centroeuropa entrando en contacto con los reformadores protestantes como Ecolampadio en Basilea y Bucer en Estrasburgo.

            Fue de un temperamento inquieto y obstinado con una gran ansia de saber. Además de destacar por sus grandes conocimientos de latín, hebreo y griego que le permitieron un profundo estudio de la Biblia se interesó por una multitud de ciencias como astronomía, meteorología, geografía, matemáticas, física, anatomía y medicina. Precisamente en esta última ciencia descubrió la circulación pulmonar de la sangre. Estudió medicina en la Universidad de Paris y aunque no llegó a terminar sus estudios ejerció la profesión con gran éxito pasando a ser en 1541 el médico personal de Palmier, arzobispo de Viena del Delfinado.

Sus ideas teológicas acerca de la Trinidad eran próximas al arrianismo y las expuso en sus obras “De Trinitatis Erroribus” (1531) y “Dialogorum de Trinitate” (1532). Esto provocó que fuese declarado hereje en 1532 tanto por la inquisición de Toulouse como por la de Medina del Campo en España lo que le obligó o adoptar una identidad falsa con el nombre de Michel de Villeneuve. Su obra teológica fundamental fue “Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo)” la cual envío a Calvino para comentarios. La respuesta de Calvino fue enviarle su propia obra Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana). Finalmente Servet le devolvió a Calvino esta obra con toda una serie de comentarios y correcciones  lo que provocó la ira y el rencor del orgulloso Calvino, amenazándole con no salir vivo si pasase por Ginebra. Calvino movió todos los resortes a su alcance para que fuese apresado por la Inquisición católica francesa, lo cual sucede en Lyon en 1557 pero consigue escapar seguramente gracias a sus amistades. Un error de cálculo de los riesgos que corría le hace pasar en su huida por Ginebra siendo apresado y juzgado por el Consejo de la ciudad. El proceso lleno de irregularidades y trato inhumano le lleva a la hoguera el 27 de octubre de 1553. En defensa de la libertad de conciencia no quiso abjurar en ningún momento de sus ideas religiosas siendo ejecutado con saña, a fuego lento.

Este hecho fue calificado por el gran humanista Sebastián Castellión, también de Ginebra, como un asesinato sin paliativos y en su enfrentamiento dialéctico contra Calvino hizo uno de los alegatos más hermosos y firmes a favor de la libertad de conciencia, haciendo inmortal aquella frase suya “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre”.

Andrés Acosta nos indica que Miguel Servet ha sido un personaje poco conocido y valorado por los españoles. La polémica sobre su asesinato sigue aún hoy día en vigor. En 1902 tuvo lugar en Ginebra un congreso internacional de libre pensamiento y en él se pidió que se erigiese un monumento en recuerdo de Miguel Servet. Así se hizo en 1903 pero con una condena muy tibia de aquel suceso, justificándolo como “errores del siglo”. Nos aclara también Acosta  que Servet no fue la única persona condenada a muerte por Calvino por motivos de conciencia sino que otros muchos corrieron la misma suerte bajo la férrea disciplina de conciencias y costumbres que implantó en la ciudad de Ginebra.